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El suicidio

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Por tanto el asesinato, después de la incredulidad, se ve como el crimen más imperdonable. ¿Qué se puede decir entonces del suicidio? Es realmente muy grave. La persona que se quita la vida se cubre ella misma de vergüenza y deja, igualmente, a su familia y a su entorno una pesada herencia de vergüenza.

El Corán insiste, por tanto, en la prohibición del suicidio.

«¡No os matéis! Dios, en verdad, es misericordioso para con vosotros» (Corán 4, 33).

El profeta dice: «A todo aquél que se suicida con un pedazo de hierro (o con cualquier otro instrumento) se le castigará en el fuego con ese pedazo de hierro (o ese otro instrumento)» (según Bujari 1363).

Y añade: «Un hombre ha sido herido y se ha suicidado. Y Dios dice: "Mi servidor se me ha adelantado y se ha suicidado, y por eso yo lo excluyo del paraíso"» (según Bujari 1364).

El Islam llama a la paciencia en el mal, en la enfermedad, en la pobreza u otras desgracias... A la persona que sufre, la llama a la fe, única vía hacia la salvación. Llama a toda la sociedad musulmana a la solidaridad para no exponer a los individuos a la desesperación. Un individuo es la sociedad entera.

El profeta dice: «Los creyentes, cuando son misericordiosos, cordiales y solidarios, se asemejan a un cuerpo. Cuando uno de sus miembros se lamenta, los demás miembros se ponen en guardia y vigilan» (según Los cuarenta Hadiz de Al Nawawty).

El Islam toma en consideración, al mismo tiempo, la salud física y mental y el que la vida sea un depósito de Dios. Los hombres están llamados a conservar este depósito. No pueden comportarse como si fueran sus propietarios. Al mirar más de cerca, nos apercibimos de que el funcionamiento social en el seno de la familia y de la comunidad entera no permite el suicidio. Por eso el suicidio es relativamente raro. El individuo teme el castigo y, en consecuencia, toda la comunidad rechaza ese acto.

La resurrección y el Juicio final
Después de la transición que constituye la vida de la tumba, el muerto es resucitado. Él se levanta y se encamina a la vida eterna. El signo de la prescripción de esta etapa es, como hemos indicado, el toque de la trompeta.