La ética y los adelantos de la medicina
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Ya hemos visto anteriormente que el Islam prefiere un entierro rápido, en una tumba construida en forma de hoyo en la tierra, para que el difunto se corrompa lo antes posible. La momificación y conservación del cadáver es un tratamiento que reprueba el Islam, a no ser que se invoque un motivo convincente.
La evolución científica y médica y la aparición de los trasplantes de órganos suscitan en el mundo árabe muchos debates que dan lugar a diversos estudios médicos y legislativos relativos al derecho musulmán. Han visto la luz nuevas leyes que permiten el trasplante de los órganos de un muerto en el cuerpo de un enfermo si esta medida le puede salvar la vida.
Porque lo que persigue primero el Islam es la protección de la vida del hombre y de su cuerpo. Entonces se han de cumplir algunas condiciones previas al trasplante. La principal, que el donante dé su asenso antes de morir. Y otras también que tienen que ver con que los órganos no sean objeto de un comercio fraudulento.
De acuerdo con la ética médica en el Islam, el médico no puede intervenir sin el permiso de la persona concernida. Porque el cuerpo no es de su propiedad. El hombre no dispone de su cuerpo libremente. No tiene derecho a hacerse daño.
En este sentido, existe lo que es del derecho del hombre y lo que es del derecho de Dios. Los derechos de Dios se relacionan sobre todo con los derechos de la familia, de la sociedad y del género humano en general.
Según las leyes islámicas, es lícito el trasplante de órganos, menos el de los genitales por conservar la genealogía. La medicina debe, por tanto, respetar los diversos principios del Islam cuya finalidad es preservar la vida humana.
Y en este contexto es en el que hay que interpretar las leyes alimentarias sobre lo lícito y lo ilícito, que, por otra parte, no son constrictivas cuando la vida del hombre está en peligro o cuando corre riesgo de morir de hambre por ejemplo.
«Dios os ha prohibido la carne de animal muerto, la sangre, la carne de cerdo y la de cualquier otro animal que hubiera sido sacrificado en nombre de otra divinidad que no fuera Dios. A quien se le impusiera comer de esa carne, no se le imputará pecado alguno» (Corán 2,168).