La muerte en el Corán
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Como ya hemos visto, el Corán concuerda con muchas culturas y religiones anteriores a él, sobre todo las del Antiguo y el Nuevo Testamento.
«Dios ha hecho descender sobre ti el Libro con toda la verdad; él declara verdadero cuanto existía antes que él. Dios, anteriormente, había hecho descender la Tora y el Evangelio, guías ambos para los hombres...» (Corán 3, 2).
Pero el Corán cuenta también con pormenores y matices que son muy suyos.
En primer lugar, la muerte no es un castigo impuesto a Adán y Eva o a sus hijos con motivo de alguna desobediencia. Cuando Adán comió del árbol prohibido y se arrepintió, Dios le perdonó. Si murió, es porque en eso estaba su destino inevitable. El de todos además, de todos los hombres y de todas las criaturas en general.
«Dios os ha creado, y luego os llamará» (Corán 16, 72).
«Dios es quien os ha creado y enseguida os ha proporcionado el sustento. Más adelante os hará morir y, por último, os resucitará» (Corán 30, 39).
El término «morir», en árabe mata, como en todas las lenguas semíticas, es el infinitivo de un verbo intransitivo que se puede encontrar también bajo una forma transitiva que significa «hacer morir» (la cuarta forma amata en árabe y hemit, en hebreo).
«Él es quien hace vivir y morir» (Corán 53, 45).
El término «muerte» y sus derivados aparecen 160 veces en el Corán. El término «vivir» y sus derivados figuran en él 179 veces. La cuestión aquí es comprender la dialéctica coránica entre vida y muerte, bien y mal, luz y tinieblas, día y noche, hombre y djinn (genio)... etc.
Según esta dialéctica es como el texto sagrado habla de la muerte. Porque la muerte no tendría lugar sin la vida. La muerte no es más que un paso en el camino de la vida humana. Y esto según un principio fundamental alrededor del cual se configura la gestión de este mundo: «Aquél que ha creado la muerte y la vida para probaros y conocer así quién es el que mejor obra entre vosotros» (Corán 67, 2).
El hombre determina el bien y el mal a partir de su capacidad de conocer, pero su conocimiento no es ni completo, ni absoluto. Él prefiere el placer inmediato y efímero. El Corán dice a este respecto: «Cierto, el hombre ha sido creado versátil: cuando le toca la desgracia, se abate, y cuando le llega la felicidad, la rehusa» (Corán 70,19-20).
No sabe siquiera discernir el mal del bien: «Es posible que tengáis aversión a alguna cosa, y esa cosa sea un bien para vosotros; y es posible que os guste una cosa, y esa cosa sea para vosotros un mal... Dios sabe, y vosotros, vosotros no sabéis» (Corán 2, 213).
Así, el hombre ve la muerte como un gran mal, aunque en realidad sea un episodio en una serie de etapas que llevan a la vida feliz y eterna.
La eternidad está exclusivamente reservada a Dios. El hombre, el animal, el vegetal, el djinn (genio), el ángel, todo cuanto vive en los cielos, sobre la tierra y entre los dos está condenado a morir.
«Toda cosa, a excepción de Su faz, es perecedera. Vosotros volveréis a Él» (Corán 28, 88).
«Todo lo que se encuentra sobre la tierra desaparecerá. La faz de tu Señor, majestuosa y noble, subsiste» (Corán, 55, 25-27).