La dieta del Dr. Dukan

 

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La muerte hoy

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¿Qué hay de la muerte hoy, en una época en que las religiones, al menos en Occidente, han perdido parte de la influencia que venían ejerciendo en los individuos y en las sociedades? A esta pregunta, lo normal es responder que hay «olvido» de la muerte. De ordinario se habla de la ocultación contemporánea de la muerte y de su expulsión.

El hecho, en realidad, es que la muerte no está olvidada -¿es que es posible olvidarla?-; paradójicamente, está a la vez omnipresente y mantenida a distancia. Su omnipresencia, por ejemplo, nos la patentizan las pantallas de televisión que ponen ante nuestros ojos un número impresionante de crímenes, cuando no presentan escenas de guerra, genocidios y masacres de todo género.

La muerte se trivializa por la frecuencia de su imagen como si con ella se abrigara la esperanza de que esa trivialización le fuera a arrancar su máscara trágica. Pero, al tiempo, se la mantiene a distancia por los muchos trabajos «científicos» que se hacen de ella. Ella se convierte, por los estudios médicos, históricos, sociológicos, jurídicos, etnológicos y otros, en un objeto más de estudio. La gente se pregunta sobre la muerte biológica, sobre lo que es. Se interesa por la historia de la muerte a través de los siglos: ¿cómo se veía la muerte en la Edad Media, en el siglo de las Luces, etc.? ¿Qué se puede pensar de los monumentos a los muertos que se multiplicaron después de la Primera Guerra Mundial?

El derecho configura los medios legales para mantenerse uno dueño de las circunstancias y del momento de su muerte. En ese momento, hay ya un derecho a «morir con dignidad». Por lo que respecta a los sociólogos, ellos estudian la mortalidad como la natalidad con la ayuda de estadísticas, en tanto los etnólogos y los paleontólogos escriben obras sobre la muerte en África, en los tiempos prehistóricos...

En síntesis, nuestra época practica a la vez la trivialización de la muerte omnipresente y una despreocupación respecto de ella no prestando atención al interrogante básico que sigue en pie: ¿qué es la muerte?, y más concretamente ¿qué es «morir»? Este acontecimiento «desparejado», según la expresión de Vladimir Jankelevich, semejante a ningún otro, que ha sido, desde los orígenes de la humanidad, una insistente invitación a pensar, parece haber perdido su vigor inquisitorio.

En efecto, pensar la muerte no es ofrecerla como espectáculo, hacer de ella un objeto de estudio; es pensar nuestro ser, nuestra naturaleza mortal y al mismo tiempo, indisolublemente, nuestro ser vivo en su relación con el mundo y la divinidad.

Pues bien, ésta ha sido la tarea de todas las religiones. Por eso, la presentación de las diferentes caras religiosas de la muerte no solamente satisface la curiosidad, sino que es un instrumento de reflexión sobre el hombre colocado frente a su destino.