La dieta del Dr. Dukan

 

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La resurrección de los muertos

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Se puede comprender que el culto de los muertos, la consulta de adivinos o nigromantes estén entonces funda­mentalmente prohibidos por la Biblia (Lv 19,31; Dt 18,9-14). La única consulta posible es la que se hace a Dios, como recuerda Isaías: «¿No consulta un pueblo a sus dioses, y a los muertos acerca de los vivos?» (Is 8,19).
Invocar a quienes ya no están es un absurdo radical para el profeta. Si la muerte es el final, ¿qué le queda al creyente bíblico?

La resurrección, un nuevo milagro divino. En otras palabras, si el hombre, «cuerpo y aliento», desaparece después de la muerte, ¿para qué le ha servido entonces la bonificación de la existencia? No solamente porque la idea de inmortalidad es desconocida en la Biblia, sino porque para nada serviría el hacer revivir una vida ya existente incluso espiritualmente. Tal es el sentido de ese plural hebreo haim, «vidas».

Escuchemos el canto de Moisés, que le hace decir al Eterno: «Yo hago morir y hago vivir, yo hiero y curo». La vida sigue a la muerte, como la cura a la herida. Para el hebreo, esta resurrección no plantea más problema teológico que la creación del mundo; lo que Dios ha hecho una vez, lo rea­lizará una segunda vez.

Así se cierra el círculo. Dios crea al Hombre «cuerpo y aliento», Él lo lleva a la nada, y Él repetirá el milagro de la vida en la resurrección del hombre transfigurado. Tal es la esperanza bíblica para la humanidad entera. Ésta es la razón de que el Talmud hable de la resurrección de los muertos más que de la vida después de la muerte.

El que más tarde místicos y cabalistas inspirados hayan hablado del viaje del alma, de la luz cegadora, incluso de reencarnación, no es fundamental en la fe judía. Y el creyente no está obligado a dar su adhesión a las tesis de la parapsi­cología. Pero la creencia en la resurrección de los muertos sí es constitutiva de la fe de Israel. Es la forma de todo un pueblo de expresar la esperanza. La vida triunfará sobre la muerte.