La dieta del Dr. Dukan

 

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Las religiones y la muerte

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Sin embargo las religiones abordan la muerte de forma tan diversa, en la comprensión del hecho como en las prácticas funerarias rituales, que se puede uno preguntar si existe una postura específica de las religiones ante este trance inevitable.
La ciencia de las religiones y la muerte
En otras palabras, ¿es posible descubrir entre las religiones algunas convergencias esenciales ante la muerte? Sí, si acudimos a una ciencia aparecida en el siglo XIX y denominada en 1867 «ciencia de las religiones». Esta ciencia, aún en formación, se propone, teniendo en cuenta todas las religiones, analizar lo que se llama el «fenómeno religioso». Se trata de practicar, con la ayuda de las ciencias humanas aplicadas a un sujeto/objeto único, el hombre religioso, un enfoque multiforme de cómo ese hombre se relacionó, en toda la superficie de la Tierra, con lo que Hans Küng llama un «Absoluto».
La primera ciencia humana invocada es la historia. Ella describe el nacimiento y evolución de cada religión. Le sigue la sociología, que analiza las relaciones entre religión y sociedad. La psicología, con la ayuda del psicoanálisis, se fija en la experiencia religiosa vivida. La etnología se interesa por las primeras formas religiosas aparecidas, etc.
En pocas palabras, todos los aspectos exteriores e interiores de la religión se estudian científicamente. Pero hay en esto saberes dispares que delimitan las religiones pero que no ayudan a captar lo esencial, a saber, lo que la religión es en sí y la unidad profunda de los comportamientos religiosos sean cuales sean el lugar y época de su aparición.
Por eso, la filosofía y, en ella, la fenomenología y la hermenéutica, son en este punto necesarias. La fenomenología, en efecto, es la que resalta los fenómenos específicamente religiosos: el sacrificio, la creencia, el ritual, la oración, la imagen de la divinidad, etc., de los diferentes contextos históricos, los reagrupa y los analiza para descubrir su esencia y las estructuras. Ella es la que hace surgir algunas semejanzas de estructura en un fenómeno religioso, un rito por ejemplo, cualquiera que sea la religión en la que tiene lugar. Mientras que la hermenéutica, arte de la interpretación, ayuda a leer y a descifrar los diferentes lenguajes: mitos, rituales, conceptos..., a través de los cuales el hombre ha procurado expresar su incesante búsqueda del Absoluto y su deseo de religarse a Él. Gracias a ella, toda expresión religiosa, por extraña que parezca, puede ser comprendida.
El objetivo de esta ciencia de las religiones es, por tanto, descartando todo juicio de valor y exclusión, dar a conocer esa dimensión humana olvidada que es la dimensión religiosa. Justo es señalar que esta ciencia nueva suscita inquietudes y reticencias. En efecto, algunos temen que, por ella, la originalidad de cada religión se falsee en beneficio de unos sincretismos artificiales o de un relativismo devastador. Sin embargo, parece, hoy más que nunca, que la pluralidad religiosa de nuestras sociedades y el deseo de favorecer el encuentro de las religiones invitan a encontrar entre ellas puntos de convergencia ligados al hecho de ser todas ellas, sin excepción, experiencias humanas. De modo que, al parecer, sólo la ciencia de las religiones está en condiciones de afrontar sin apriorismos, en toda su extensión y con una comprensión ampliada a las dimensiones de la humanidad, el problema particular del hombre religioso ante la muerte.
¿Qué nos enseña ella sobre el tema? En primer lugar, que, en todas las religiones, la muerte es un motivo de angustia que exige, si no una justificación, sí, al menos, una explicación, y de ahí la existencia de los mitos. En segundo lugar, que la muerte, como ruptura dolorosa, suscita actitudes y palabras protectoras para con el difunto y pacificadoras y unificadoras para con la comunidad, y de ahí los ritos.
Por los mitos, las representaciones simbólicas del más allá, y los ritos, las religiones elaboran un conjunto sistémico propio para explicar la muerte, para superarla y para colocarla en su justo lugar entre los vivos y los difuntos.
Los mitos y la muerte
¿Cómo explicar el escándalo de la muerte? Para justificar este corte inaceptable, los mitos, en muchas religiones, cuentan que en el principio, in illo tempore, el hombre era inmortal hasta que, a causa de una falta (Génesis) o de una imprudencia, o incluso de un simple contratiempo, Dios/ los dioses lo castigaron con la muerte. Toda su dificultosa existencia se convierte entonces en un esfuerzo por recuperar aquel estado primordial.
Estos relatos multiformes han sido considerados durante mucho tiempo en Occidente fábulas, ficciones, expresiones de un pensamiento «primitivo» que desconoce la verdad histórica y la lógica racional. Pero en la actualidad se les reconoce, entre otros valores, uno cognitivo. Por ejemplo, los mitos sobre el origen de la muerte revelan que el hombre religioso no puede pensarse sujeto a una condición mortal injustificable. Él necesita, para dar sentido a su vida, para orientarla, que un hecho, falta, transgresión u otro, anteceda y explique su finitud. Por eso, su «mortalidad» no es ontológica ni definitiva; es, por así decir, accidental y él está llamado a un más allá.