Ramakrishna y Gandhi
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Entre las personalidades hindúes que combatieron la muerte, la hayan vencido o la hayan hecho suya, se encuentran Ramakrishna y Gandhi.
Ramakrishna, una relación excepcional con Kali
Ramakrishna (1836-1886) nace en el seno de una familia pobre de Bengala. Da pruebas muy pronto de un interés particular por la vida espiritual. A los diecisiete años, se hace pujan, es decir, oficiante, en un templo del barrio de Calcuta, el de Kali en Dakshineshvard. Su vida lo convierte en una de las grandes figuras de la tradición hindú.
Lo que llama la atención en Ramakrishna es la visión que aporta sobre la muerte. Es sin duda fruto de la relación absolutamente excepcional que él establece con la diosa de la Muerte, Kali, durante toda su vida.
Esta diosa una veces se llama Durga, y otras Kali, la negra, la proveedora de muertes.
Lleva alrededor del cuello un collar de cráneos humanos. Sus alhajas están talladas en huesos recogidos en los cementerios. Bebe la sangre de sus víctimas o la suya propia. Come su carne. Sus fieles la siguen. Kali bebe igualmente vino y, en estado de embriaguez, combate a sus enemigos.
Frecuenta los lugares donde queman a los muertos. Para la cremación se utiliza la madera, y la madera es escasa y apreciada en la India. Las cenizas funerarias contienen una buena cantidad de huesos no calcinados. Al término de la cremación, los restos se tiran al río, en cuya orilla se encuentra ordinariamente el territorio de las cremaciones. Con frecuencia el río despide los huesos que van a parar a sus orillas. Éstas quedan ennegrecidas a causa de las cenizas.
Buitres y cuervos planean en lo alto en busca de los últimos restos de carne chamuscada.
Por la noche, Kali pasa por allí. Acude a beber y danzar con sus compañeros favoritos: vampiros, espectros, fantasmas. Se entregan a toda clase de juegos.
Kali, a los ojos de sus fieles, representa a aquélla que hace posible el ir más allá de la muerte, romper con la existencia terrestre. La danza de Kali es una danza de alegría, un signo de la victoria sobre la muerte.
Ramakrishna la hizo su diosa preferida durante toda su vida. No era, para él, ni negra ni gesticulante; aparecía con los rasgos de una joven sonriente.
Se puede decir que Ramakrishna, aliándose con la diosa Kali, la diosa de la muerte en el hinduismo, pudo llevar a cabo en él mismo la superación de la muerte.
Él, a los ojos del mundo entero, va a representar una manifestación de lo divino. Vivekananda, uno de sus discípulos, es el que lo va a dar a conocer por el mundo entero, especialmente en los Estados Unidos.
Gandhi, el arte de morir a todo apego
Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1947) nace el 2 de octubre de 1869 en Porbandar, pequeño puerto de la península de Kathiyavar, en la costa noroeste de la India. Es el cuarto hijo de Karamchand y Putilbai Gandhi, de la casta vaishya. Los vaishya se dedicaban tradicionalmente a la agricultura y a diferentes oficios; gandhi significa «perfumista». El abuelo y el padre de Mohandas Gandhi habían sido diwan, ministros de Porbandar.
En la casa familiar, Gandhi pasó una infancia feliz. La profunda piedad de su madre impresionaba a los visitantes. Era una ardiente devota vishnuita. Gandhi cuenta en sus memorias que dejó en él la impresión de una santa.
En cuanto a su padre, dice que fue un funcionario imparcial.
Al atardecer, en la casa de los Gandhi se leen pasajes del Ramayana que al pequeño Gandhi, poco aficionado a los juegos propios de su edad, le cautivan. Él se acordará más tarde del modelo de Sita, la esposa servicial. En él queda grabada ya la convicción de que la verdad es la esencia de toda moral.
En la adolescencia descubre los principios fundamentales del vishnuismo, la fuerza espiritual, el perdón de los injurias, la tolerancia respecto de las religiones...
Se casa a la edad de catorce años, según la tradición, con Kasturbai.
Sigue yendo a la escuela, donde se impone el inglés y, con él, la supremacía de lo que se hace y piensa en Gran Bretaña. Como sus compañeros, se entusiasma con los héroes occidentales al tiempo que se va concienciando del vasallaje al que los tienen sometidos los ingleses.
«Yo deseaba ser fuerte y audaz, y lo mismo quería para mis compatriotas a fin de que pudiésemos vencer a Inglaterra y liberar a la India.»
Se marcha a Gran Bretaña para seguir sus estudios de derecho y se afianza con fuerza en el sistema de valores que su madre le había legado.
Al retornar al país, se establece como abogado, pero sus asuntos van mal y tiene que volver a expatriarse. Toma su familia y se va, en esta ocasión, a África del Sur, donde descubre su condición de abogado culi. Cobra conciencia de esa amarga experiencia en la estación de Maritzburg: «Me di cuenta de que, por ser indio, no gozaba de ninguno de sus derechos. Fue la experiencia decisiva de mi vida». A partir de ese momento, Gandhi se inicia en el aprendizaje de la vida política. Comienza a defender los derechos de sus compatriotas, a intervenir como sujeto británico del Imperio y a encontrar a Dios en su búsqueda de la verdad y la justicia.
Para él, la idea de renuncia era la expresión suprema de toda religión. Se puso a vivir como un renunciante después de renunciar a todos sus bienes. Se somete a los ayunos rituales del hinduismo. Durante la guerra de Zululandia (1906), en la que participa como camillero, hace voto de brahmacarya: voto de castidad.
Yendo siempre adelante en su búsqueda de verdad y justicia, va a dejar por escrito su programa del Hind Svaraj, movimiento por la independencia de la India, rechazando el progreso como fautor de violencia, de revueltas. Para Gandhi, es a los hombres a los que hay que cambiar...
Armado de una fe a toda prueba, dirige su movimiento de resistencia pasiva y de no violencia hasta la independencia en 1947, pero su no violencia no frena las matanzas entre hindúes y musulmanes. Asesinado por un hindú fanático, él será la primera víctima de esa situación. Gandhi queda y quedará para siempre como apóstol de la no violencia, la persona que ha sabido sintonizar con los excluidos, los indios sin adscripción a una casta; él los llamará los «harijjan», los «hijos de Dios». Pero ¿se puede relacionar este destino excepcional con una actitud particular de cara a la muerte? Ciertamente, en la medida en que toda su vida enseña el arte de morir a todos los apegos (la renuncia) y a la violencia en particular, la cual está ligada a la voluntad de poder. De forma diferente, Ramakrishna había combatido los elementos destructores de la vida espiritual aliándose con Kali, la diosa de la Muerte. Así, la aceptación de la muerte como etapa para liberarse de la existencia resulta ser la tarea esencial del hindú aquí abajo.