El Talmud
Donde de forma más clara y patente se hace realidad la concepción farisea de la doble Torá es en el Talmud. Formulábamos más arriba esta concepción con la frase de TJ- Pea 2, 4 17a que dice "incluso lo que un discípulo aventajado llegue a enseñar a su Maestro, todo ello ha sido ya dicho a Moisés en el Sinaí". Para escrutar la Escritura y la propia tradición en busca de formulaciones nuevas, aparte del uso del deras que no es exclusivo del Midrás, se va a escoger un método práctico fundamentalmente dialógico. Parece demostrado que la costumbre habitual, en las que se han llamado academias rabínicas -yesibot-, ha sido a lo largo de la historia el diálogo vivo y animado, con el Maestro por supuesto, pero mucho más incluso el diálogo entre los discípulos, de forma que se estudia, todavía hoy, por parejas. Cada uno hace preguntas y pone dificultades al compañero que deberá buscar en el acervo de la tradición y con su propio esfuerzo intelectual, es decir no sólo usando la memoria, la manera de responderlas. Con un tras-fondo algo distinto, por cuanto que en el Judaísmo el resultado de ese diálogo, una vez globalizado y consensuado, entra a formar parte de la Torá oral, el método es muy similar al de la más pura escolástica, cultivada por filósofos y teólogos cristianos medievales a los que se les pedía defender una tesis primero y después su contraria como ejercicio práctico y medio de depuración de las opiniones. Y se ha usado también desde siempre en los círculos intelectuales del Islam.
Como telón de fondo de unos y otros encontramos la concepción y la práctica de la mayeútica socrática que, a través de
la pregunta y la respuesta y de una constante puesta en cuestión de cualquier planteamiento, por evidente y obvio que parezca, pretende avanzar en el conocimiento. Este diálogo metódico es unas veces real, entre dos o más personas, y constituye lo que se ha denominado (exégesis) dialéctica dramática, y otras es más bien literario o retórico, (exégesis) dialéctica monológica. También existe, sin embargo, un tipo de interpretación simple, (exégesis) declarativa. Los argumentos y contraargumentos se suceden y se apoyan en las 'autoridades' de la tradición; la 'autoridad bíblica', el texto, tiene también su lugar como confirmatoria de una u otra postura, pero finalmente se adoptará la opinión de la mayoría o la sustentada por la autoridad de un Maestro de reconocido prestigio, y ya entonces no será necesaria nueva confirmación bíblica. Este diálogo metódico no es sólo entre el maestro y el discípulo, o entre el expositor y quien le responde, sino que en el fondo existe un diálogo de cada uno de ellos con el propio texto que se está interpretando y adaptando; de esta forma el intérprete concreta en sí mismo todas las circunstancias del momento presente, con sus presupuestos, y el texto, por su parte, es fruto de las circunstancias de su propio momento histórico, también con sus presupuestos. Hay una distancia entre texto e intérprete y una 'alteridad' que sirven de motor para la propia interpretación, y que además la dotan de unas posibilidades impensables o al menos impensadas en el momento en que el texto se escribió. Esa distancia y, especialmente, las circunstancias 'extrañas' de lengua, estilo, etc., que podrían parecer un obstáculo, resultarán finalmente elementos positivos que permiten comprender de otra manera, y, por lo mismo, mejor y más profundamente, el texto en cuestión o la formulación tradicional que se revisa a la luz de los textos.
La Guemará, ya lo hemos dicho, es comentario y prolongación de lo dicho en la Misná. Sigue la misma estructura organizativa, pero en su desarrollo es mucho menos ordenada que la Misná. En realidad la Quemará está compuesta a modo de acta de las reuniones o encuentros que Maestros y 'aprendices de Maestro' celebraban -posible-mente de manera informal, sobre todo en los primeros tiempos, sin que en la inmensa mayoría de los casos conste el lugar ni la fecha- para comentar, profundizar el conocimiento y adaptar a la época las enseñanzas y decisiones de la Misná. El sistema de diálogo está siempre presente y, porque una pregunta lleva a otra y una respuesta puede exigir matizaciones que suscitan a su vez nuevos interrogantes, las disgresiones alcanzan grandes dimensiones y con frecuencia nos encontramos a los protagonistas discurriendo o discutiendo sobre asuntos que nada tienen que ver con el texto de Misná que está 'teóricamente' siendo comentando.
Nada sabemos del contexto inmediato en que las reuniones se celebraban, ni cuál era el último acontecimiento que atraía la atención de los contertulios y concitaba sus alegrías o sus irritaciones. La interpretación de la Escritura como iluminadora de la práctica diaria está siempre en el trasfondo, pero se cuentan anécdotas, se refieren leyendas, se da cumplida cuenta, aunque de forma poco sistemática, de los conocimientos científicos -medicina y farmacología, astronomía, geografía, etc-que poseía la sociedad de la época. Es en suma como una enciclopedia o un compendio de los saberes y 'sentires' de varias generaciones de hombres -y mujeres- judíos de EreS-Israel y Babilonia entre los siglos III y VII Ec.
A los Maestros que aparecen citados en la Misná, excepción hecha de 'las cinco parejas' que antes se han nombrado, se les conoce con el nombre de tanaítas -tanna 'im, en arameo tn' significa 'repetir'- es decir 'repetidores' o 'maestros de la repetición', o sea de la Misná. Entre el comienzo de la Era común y el año 220 se cuentan cinco generaciones de tanaítas. Entre los que se han nombrado hasta aquí, Yojanán b Zakai pertenece a la primera, Ismael y Aquiva a la segunda, Meír a la tercera, Yehudá ha-Nasí a la cuarta y sus discípulos a la quinta.
A los Maestros del Talmud se les llama amoraítas -amora'im, tanto en arameo como en hebreo 'mr significa 'de-
cir'-; son por lo tanto los 'decidores'. Se cuentan cinco generaciones de amoraitas en EreS-Israel, y siete en Babilonia.
Es importante reseñar antes de pasar adelante que ni en el Talmud ni en ningún texto de la que llamamos época talmúdica se encuentra la palabra talmud como referencia al conjunto de Quemará y Misná. Talmud significa 'enseñanza' o 'aprendizaje', no como acción sino como referencia a los contenidos que se enseñan o se aprenden. Es con mucha frecuencia referencia específica y concreta a la Escritura, fuente de donde mana toda enseñanza, sobre todo en la expresión mah talmud lomar? -¿qué dice la Escritura? . Sin embargo no se puede descartar que para algunos significara también de forma específica la Quemará, si tenemos en cuenta el texto de TB-Qid 30a, siempre que no sea una glosa tardía «¿En qué medida está obligado un hombre a enseñar a su hijo Torá? -Dijo Rabí Judá, citando a Samuel: Nos puede servir como ejemplo el caso de Zabulón, el hijo de Dan, cuyo abuelo le enseñó Escritura, Misná, Talmud, Halajot y Aggadot».
En cualquier caso el nombre aparece ya claramente aplicado a la Quemará en la época de los Gaones, a partir del siglo IX. Así Serira Gaón, cuya carta, escrita a finales del siglo X en respuesta a las preguntas formuladas por R. Jacob b Nisim de Kairawán, es la fuente primera y más antigua para el conocimiento y secuencia de la composición de estas obras, dice: "Talmud es la sabiduría de los antiguos maestros que explicaron los fundamentos de la Misná".
Puesto que a partir de mediados del siglo III Ec las comunidades de Babilonia consumaron un desarrollo independiente de las de EreS Israel, las enseñanzas y comentarios de la Misná siguieron también desarrollos diferentes. A pesar de una cierta rivalidad entre ambos grupos, el sistema y método de trabajo fue muy semejante, y el resultado similar. La decadencia de la comunidad de EreS Israel determinó que su producción quedara fijada en los comienzos del siglo V. La producción de Babilonia duraría aproximadamente cien años más, de forma que quedó básicamente completada a mediados del siglo VI. Esto no significa que la de EreS Israel quedara truncada, pues cada uno de estos momentos es culminación de un desarrollo, sin perjuicio de que cada desarrollo permanezca o quede abierto al futuro.