La dieta del Dr. Dukan

 

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El Talmud de Babilonia

 

Por una parte hemos dicho más arriba que "nada sabemos del contexto inmediato en que las reuniones (de rabinos) se celebraban..." y por otra hemos hecho referencia a las academias de Nehardea, Sura y Pumbedita y a su relación con la composición y redacción del Talmud. Se mezclan aquí, posiblemente, informaciones diversas y, sobre todo, hay un riesgo evidente de proyección hacia épocas más tempranas de realidades solamente atestiguadas más tarde. Las referencias a las academias, a sus fundadores y a sus actividades, nos llegan fundamentalmente a través de fuentes gaónicas (posteriores al siglo VIII) y es muy posible que esas instituciones, que por otra parte muestran claras marcas de influencia de la organización de la enseñanza en el Islam, no existieran o sólo de forma muy incipiente en la época talmúdica. Por ello es muy posible que sea ñuto de esta proyección la identificación que se ha hecho de los 'dos repasos' completos que R. Assí hizo al Talmud con los contenidos que pudieran haber tenido las reuniones de kalá en la academia de Sura durante los casi 60 años que la presidió.


Las kalá -en hebreo kallah- eran reuniones prescritas dos veces al año, en los meses de elul y adar, (septiembre y febrero) a modo de 'plenarios' a las que acudían maestros y discípulos que durante varios días enfrentaban un tema concreto de la tradición -en la práctica un tratado de la Misná o del Talmud-cuyo texto se revisaba y cuyos problemas se discutían. Los citados 60 años de R. Assí al frente de la academia habrían dado lugar a 120 reuniones de kalá, número muy apropiado para haber repasado dos veces aproximadamente los 63 tratados de la Misná.


Una de las grandes cuestiones que se plantean por igual para el Talmud de Babilonia y para el de EreS-Israel es su consideración como unidad literaria. Las diversas tradiciones hablan de un redactor final, y ciertamente hubo de haberlo, pero este trabajo redaccional dista mucho de la autoría; no se debe imaginar como la labor de quien recoge materiales procedentes de diversas fuentes y los estructura. Leemos en Strack-Stemberger (pág. 279): "hay que contar con un largo proceso de desarrollo y diversas formas primitivas en las que las fuentes ya estuvieron disponibles y fiíeron usadas en diversa medida. Formulado extremadamente: cada gran maestro del período amoraítico enseñó su Talmud, ya sea en forma completa o especializándose en algunos tratados o temas". Según Serira Gaón, el Talmud fue ampliándose de generación en generación.

En el todavía no demasiado desarrollado análisis de las formas del Talmud merece nombrarse lo que se ha denominado sugyá - del lexema SGY, que en arameo significa 'ir' y equivale en cierto modo al hebreo halajá, entendida en el sentido de forma literaria-: unidad básica que desarrolla de forma completa o cerrada, un pensamiento, una sentencia o un comentario a Misná. Su característica principal es la de constituir un desarrollo completo, que concluye con una decisión referente a la controversia de que se trate. Las hay largas y breves; y pueden dar lugar a grandes excursos de tipo secundario que se apartan del tema.


Bajando finalmente a datos concretos, el Talmud de Babilonia tiene guemará a treinta y seis tratados de la Misná. En realidad son treinta y seis y medio pues se comentan algunos capítulos del tratado Tamid.
A pesar de su carácter monumental, en el más coloquial sentido de la palabra, el Talmud de Babilonia fue impreso muy pronto. En 1480 en la península ibérica se imprimieron algunos tratados; entre 1516 y 1520 otros en el norte de África. La que se considera primera edición completa fue hecha por Daniel Bomberg en Venecia entre 1520 y 1523. Esta edición coloca el texto de Misná y Guemará en una columna de grosor y extensión variables en el centro de la página rodeado por el comentario de Rashi -R. Selomó ben iSjaq, fallecido en Tro-yes (Francia) en 1105- y por el texto de las Tosafot -'añadidos' elaborados por los nietos y los discípulos de Rashi-, y ha dado lugar a un curioso fenómeno consistente en que esa disposición ha marcado la pauta para todas las ediciones posteriores del Talmud de Babilonia que no sólo la imitan, sino que reproducen siempre el mismo texto en la misma página. Por ello el Talmud de Babilonia -cosa que no ha sucedido siempre con el de Jerusalén- se cita con mención del nombre del tratado y de la hoja, que en todas las ediciones será la misma, diferenciando con las letras 'a' y 'b' según se encuentre el texto citado en el anverso o el reverso de la página respectivamente, y todos los tratados comienzan el texto en la página dos.


Existe una monumental traducción al inglés en 33 volúmenes, aparecidos entre 1935 y 1952, que ha sido reimpresa en 1961 en 18 volúmenes: I. Epstein (ed), The Babylonian Talmud. Soncino Press, Londres. También en inglés, J. Neusner, The Babylonian Talmud. An American Translation, aparecida a partir de 1982. En alemán, L. Goldschmidt, Der babylonische Talmud, 12 vols Berlin 1929-1936 (reimp. 1980-1981). Dos ediciones bilingües están en proceso; una en español, M. Cales-H.J. Weiss (ed), El Talmud de Babilonia, Buenos Aires; y otra muy original de A. Steinsaltz, preparada primero en hebreo moderno y que está apareciendo en diversas lenguas (también en español). Se caracteriza por presentar el texto del Talmud vocalizado y con abundantes comentarios. La traducción es selectiva.


La lengua predominante en el Talmud de Babilonia es el arameo oriental, llamado también arameo talmúdico. Pero hay tratados en los que la presencia del hebreo es bastante abundante. En cualquier caso se encuentran en arameo las expresiones más populares, los refranes, las anécdotas o historietas, y sobre todo los términos o expresiones técnicas propias del discurrir y del discutir de los protagonistas.

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