El Talmud de Babilonia
Se han hecho, en otras páginas de este sitio, diversas referencias a la existencia de 'dos talmudes', el de Babilonia y el de Jerusalén. Comenzaremos hablando del Talmud de Babilonia por ser el que mayor influencia ha tenido, más conocido ha sido y, en definitiva, aquel al que todo el mundo se refiere cuando dice 'el Talmud'. Es, por lo tanto, el Talmud por excelencia.
Según la tradición, la presencia de israelitas en Mesopotamia se remonta al año 722 aEc cuando Salmanasar V deportó a las clases dirigentes del Reino del Norte tras la caída de Samaría. La deportación a Babilonia llevada a cabo por Nabucodonosor en sucesivas oleadas, antes y después del 587 aEc, reforzó esta presencia, y parece evidente que el edicto de Ciro, del 538 aEc, que permitía la vuelta a su país de los exilados, no significó en modo alguno la desaparición de las colonias establecidas en Babilonia, que junto con las de Egipto -originadas a partir de la primera deportación de Nabucodonosor- constituyeron la más antigua diáspora. La profecía de Jeremías para los deportados de Egipto y, sobre todo, la de Ezequiel para los de Babilonia, sirvieron para plantear cambios que son los que, en definitiva, transformaron a los israelitas en judíos: la sustitución de una ética colectiva por una moral más individual, el estudio de la Torá como sustituto del culto en el Templo, la valoración de la circuncisión, el sábado y las normas dietéticas como signo de diferenciación y de identidad de los judíos.
Las relaciones entre las comunidades judías de Babilonia y EreS-Israel fueron buenas, aunque distantes, y consta que desde Babilonia se pagaba 'religiosamente' el impuesto del Templo, una vez que este fue reconstruido. La época del dominio seleúcida de EreS-Israel (198-164 aEc) unificó a ambas comunidades bajo un mismo régimen, pero no parece que la
revuelta de los Macabeos, que puso fin a ese dominio en EreS-Israel, tuviera reflejo alguno en las comunidades de Babilonia. Esta buena relación no estuvo nunca libre de lo que podríamos denominar 'una sana rivalidad' acerca de cuál de las comunidades era más importante y, en última instancia, la más legítima heredera de los antepasados. Una prueba de ello es la vigencia de la leyenda -no necesariamente carente de respaldo histórico- sobre la procedencia babilónica de Hillel, el viejo, al que se puede considerar, por otra parte, fundador primero del Judaísmo rabínico, o lo que es lo mismo, del Judaísmo (con mayúscula).
Las sucesivas revueltas contra el yugo romano que tienen lugar en EreS Israel y las consecuentes represalias que fueron debilitando y minando al mundo rabínico, no tuvieron directamente la misma incidencia en el ámbito babilónico. Informa G. Stemberger (1994, pág 12) de que el levantamiento contra Trajano en 115 Ec no fue en Babilonia un movimiento ni precisa ni exclusivamente judío, aunque los judíos lo apoyaran y se llevaran una buena parte de la represión en la llamada 'guerra de Quietus'. Pero la paulatina y progresiva pérdida de poder 'político-administrativo' de las instituciones rabínicas de EreS-Israel, representadas fundamentalmente por el Patriarcado, indujo a los gobernantes partos de Babilonia a la aceptación de una representación judía en la figura del Exilarca, que con mayor o menor fortuna presidirá a las comunidades judías orientales hasta pasado el siglo X.
También es verdad que las difíciles situaciones que se vivían en EreS Israel favorecieron la emigración de maestros rabínicos a Babilonia con el consiguiente intercambio y enriquecimiento cultural. Algunos de ellos regresaron posteriormente continuando su actividad en Galilea; otros quedaron para siempre y crearon escuela en Babilonia favorecidos por el entorno del Exilarca.