La dieta del Dr. Dukan

 

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La doble Torá

 

Y si los orígenes de la transmisión de la Torá oral están en Moisés, el final es un final abierto y no falto de paradoja, porque como podemos leer en el Talmud de Jerusalén: "incluso lo que un discípulo aventajado llegue a enseñar a su Maestro, todo ello ha sido ya dicho a Moisés en el Sinaí" (TJ-Pea 2, 4,17a). No sólo el Maestro formado -sabio y generalmente 'santo'- se integra en la cadena de la tradición, hace y transmite Torá con su palabra y con su vida toda, sino que incluso un discípulo, un principiante al fin y al cabo aunque sea 'aventajado' en su calidad de discípulo, puede hacer Torá y hallar y sacar a la luz parte de lo que ya Dios comunicó a Moisés en el Sinaí.
En el fondo lo que se nos está ofreciendo es un concepto abierto y extraordinariamente amplio de revelación. La entrega del Sinaí tiene su parte escrita, cuyo contenido se encuentra ya total y definitivamente consensuado en el momento fundacional del Judaísmo, y forma lo que, aunque de manera impropia, se ha denominado 'canon bíblico', la Torá escrita.

Tradicionalmente se habla del año 100 y del grupo de Maestros que se reunían en Yavne como el lugar y el momento del cierre del 'canon', pero lo más probable es que doscientos años antes, o incluso trescientos, el corpus de Las Escrituras estuviera prácticamente constituido; y este hecho se había ido produciendo poco a poco y por grupos de libros. La división tripartita de la Escritura en Torá, Profetas y Escritos es una muestra, entre otras muchas cosas, del proceso de 'canonización' sufrido, que debió de consistir en la exclusión de ciertos libros que algunos grupos pretendían que se consideraran como sagrados -los que hoy llamamos apócrifos y/o deuterocanónicos-, más que en la inclusión de los efectivamente 'canonizados', pues desde varios siglos antes, unos y otros eran comentados tanto en los círculos de Maestros e iniciados, como en las reuniones cúlti-cas y litúrgicas de la sinagoga, donde el pueblo, destinatario último de la misma, recibía la revelación por medio de la proclamación del texto escrito (miqrar) y de la explicación oral.

En esta explicación oral -exégesis, interpretación, aplicación práctica, etc.- se materializaba la otra entrega del Sinaí, la Torá oral, siempre y cuando en la interpretación se cumplieran unas reglas y se respetaran unos principios básicos que la experiencia y la sabiduría habían descubierto y establecido. Pero, como se ha dicho más arriba, ésta es una Torá abierta, en continua construcción y ello produce necesariamente tensiones entre las dos Torás.

No es un fenómeno en absoluto ajeno a otras culturas religiosas el que se formula en la tensión entre Escritura y tradición. Cuando un texto es considerado 'canónico', es decir, aceptado como 'medida de lo revelado', al margen del valor que se está confiriendo a ese texto, se está haciendo una afirmación de capital importancia en el sentido de que la revelación se comunica por escrito, y por lo mismo con un carácter definitivo e inmutable. El texto escrito queda fijado, dice lo que dice y de la forma en que lo dice, pero cuando con frecuencia el paso del tiempo aleja y dificulta la comprensión de lo escrito, se hace necesaria, para no quedar anclados en fundamentalismos aberrantes, una interpretación y adecuación al momento, sin que eso haya de significar en modo alguno un abandono de las esencias, una adaptación interesada ni una falsificación.

 

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