La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

 

Obra Fundante

 

Cuando hablamos de Judaísmo no hemos de pensar, como muchas veces se cree, en la prolongación en el tiempo, con las necesarias adaptaciones, de la realidad cultural y específicamente religiosa del Israel antiguo, sino que hemos de ser conscientes de que esa realidad recibió un golpe de muerte con la destrucción del Templo de Jerusalén que tuvo lugar a manos de los ejércitos babilonios de Nabucodonosor en los comienzos del siglo VI aEc. Esa destrucción, la deportación del monarca y el obligado exilio a Babilonia de las clases dirigentes puso fin a una época. Por ello se ha podido decir que 'a Babilonia fueron llevados los israelitas y de Babilonia volvieron los judíos'. Con el exilio terminó una época y con el regreso del exilio dio comienzo un nuevo proceso, lento y prolongado, que, por una parte, intentaba restaurar el periodo anterior -reconstrucción del Templo por Zorobabel- y, por la otra, poner fin al mismo -redacción final del Pentateuco y de los otros textos bíblicos-. Este segundo aspecto nos es conocido por los estudios de la crítica textual bíblica, pero no aparece recogido como tal en el texto mismo. Quizá pudiéramos entender como el punto de inflexión lo que se nos cuenta en el capítulo 8 del Libro de Nehemías -la proclamación de la Torá hecha por Esdras-. Y la respuesta del pueblo, recogida en Neh 10, sería el documento programático de la nueva realidad religiosa y cultural.

Tras la esperanza, o más bien espejismo, de restauración que habían de significar la rebelión macabea y los cien años del periodo Hasmoneo, el definitivo 'corte' con lo anterior se producirá con la destrucción del segundo Templo en el año 70 dEc.

En torno a este suceso se configura en diversos lugares de la literatura rabínica y con variadas versiones una crónica/leyenda referida a quien es considerado como el maestro más importante del momento, Rabí Yojanán ben Zakai. Podemos afirmar el carácter legendario de los relatos, que en cierto modo se nos presentan como 'mitos fundacionales' de un Judaísmo que ha de perdurar -utilizando el término 'legendario' con el máximo respeto y despojado de cualquier minusvaloración-, por cuanto que los datos estrictamente históricos están tergiversados.
Se nos cuenta en Guittin 56a-b que, después de la conversión de Nerón al Judaísmo (!), Vespasiano puso sitio a Jerusalén y los Celotes defendían la ciudad e impedían cualquier acuerdo de rendición.

R. Yojanán ideó una estratagema para salir de la ciudad por ver si podía "salvar algo" y se entrevistó con Vespasiano. Tras anunciarle que será emperador -lo cual se cumple al punto pues llega un mensajero de Roma con la noticia de que el cesar ha muerto y reclaman a Vespasiano para que le suceda- y darle muestras de la sabiduría que puede extraerse de los textos de la Escritura, Vespasiano le dice "pídeme lo que quieras y te lo concederé", y R. Yojanán expresa tres deseos: "Concédeme Yavne y sus sabios, la sucesión de R. Gamliel y médicos para curar a R. Ladoc". No dice el texto en este lugar qué le contestó Vespasiano, pero añade una glosa a modo de comentario: "(R. Yojanán) tendría que haberle dicho 'levanta el sitio de Jerusalén por esta vez'. Pero pensó que probablemente no le concedería tanto y se perdería todo".

R. Yojanán, dando por perdida la ciudad, intenta 'salvar algo' y pide la autorización romana para establecer el sanhedrin de Jerusalén en la ciudad costera de Yavne. Las otras dos peticiones son consecuencia de la primera y son importantes por su simbolismo: por una parte desea mantener la cadena de la tradición representada en ese momento en la persona de R. Gamliel, al que R. Yojanán sucederá, y restablecer la salud de R. Ladoc que estaba en 'huelga de hambre' por la salvación de Jerusalén desde hacía cuarenta años.

La ciudad se va a perder y con ella desaparecerá el Templo, es decir, desaparecerá incluso a nivel de símbolo el último vestigio del antiguo Israel, pero a pesar de ello R. Ladoc concluirá su huelga de hambre y su salud iniciará un restablecimiento como símbolo también de que no todo está perdido, porque se ha salvado la cadena transmisora de la tradición.

Por todo ello, la que se ha denominado 'huida de R. Yojanán' se convierte en el acto fundador de una nueva realidad judía que ha visto desaparecer el cimiento y fundamento de lo anterior y cuyos dirigentes espirituales, los Rabinos o Maestros, desarrollarán durante los cuatro siglos siguientes una actividad intelectual, legislativa y hermenéutica, que será el fundamento sobre el que crecerá y se desarrollará el Judaísmo.
Cuando esta actividad se recopile por escrito dará lugar a lo que hoy conocemos como el Talmud, al que por ello hemos definido como 'fundante'.

La desaparición del Templo y por ende de los sacrificios trajo consigo la 'inutilidad' de los sacerdotes, su definitiva pérdida de relevancia en el seno de la sociedad judía. Este hecho arrastró a la desaparición a los grupos o 'partidos' sacerdotales, entre ellos el de los Saduceos, dejando así el camino expedito para el libre desarrollo de los principios y las formas de hacer y de pensar de los Fariseos. Es el periodo que Neusner denomina del 'Judaísmo formativo'.

 

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