Antología de textos:
'Vida y milagros' de los sabios
* En cierta ocasión Ulla y R. Jisda paseaban por el camino y llegaron a la puerta de la casa de R. Jana bar Janilai que estaba en ruinas. A R. Jisda, compungido, se le escapó un suspiro. -¿Por qué suspiras?... -¡Cómo no voy a suspirar! si en esta casa había antiguamente sesenta cocineros durante el día y otros sesenta en turno de noche guisando para todo el que lo necesitara; y el propietario tenía siempre la bolsa a mano para evitar que pudiera llegar un pobre y se sintiera avergonzado mientras él iba a por la bolsa.
La casa tenía además cuatro puertas hacia los cuatro puntos cardinales y todos los que entraban hambrientos salían saciados. Además, en años de penuria dejaba trigo y cebada mera de la casa, para que los que se avergonzaban de mendigar de día pudieran venir por la noche a tomar provisiones. Ahora que está en ruinas jcómo podré contener los suspiros! (Ber 58b)
* Enseñaron nuestros Maestros que R. Aquiva fue encarcelado y Yehosúa de Gerasa, que le servía, le llevaba cada día una cantidad de agua. Cierto día le detuvo el carcelero y le dijo: Traes demasiada agua hoy; ¿pretendes acaso minar los cimientos de la prisión? Y derramó parte del agua dejándole sólo la mitad. Cuando Yehosúa llegó por fin a presencia de R. Aquiva, éste le dijo: ¿No sabes que soy viejo y que mi vida depende de ti? Yehosúa le contó lo sucedido y R. Aquiva dijo: Dame agua para lavarme las manos. -Si no es bastante para beber ¡cómo vas a lavarte las manos! -¿Qué puedo hacer? si por incumplir las reglas de los Maestros se es merecedor de la muerte, prefiero morir por mi propia acción que transgredir las normas de mis colegas. Y no consintió en probar bocado hasta haberse lavado las manos. Cuando los Sabios lo oyeron, comentaron: Si se comportó así siendo anciano, cuanto más lo habría hecho cuando era joven; y si lo hizo estando en prisión, cuanto más mientras era libre. (Erub 2Ib)
* R. Yehosúa ben Jananyá dijo que nunca le había vencido nadie (en conocimiento de la Torá) excepto una mujer, una niña y un niño.
¿Cuál es la historia de la mujer? -Una vez fui a una posada a comer y me dieron habas. Me las comí sin dejar nada. El segundo día tampoco dejé nada, pero el tercer día me las prepararon con exceso de sal y casi sin probarlas las dejé a un lado. La posadera me dijo: Maestro ¿por qué no comes? Le contesté: Porque he comido algo antes. Entonces ella dijo: Si fuera por eso no habrías probado el pan. No será más bien que hoy lo dejas casi todo en compensación de lo que comiste los días anteriores, pues tal como han dicho los Sabios 'nada debe dejarse en el puchero, pero debe dejarse algo en el plato'.
¿Cuál es la historia de la niña? -En cierta ocasión iba de viaje y al ver un camino a través de un campo, acorté por él. Una niña me dijo: Maestro, eso es parte del campo. Yo le contesté: No, es un camino apisonado. Y ella dijo: Ladrones como tú lo han apisonado.
¿Cuál es la historia del niño? -Otra vez iba de camino y encontré a un niño sentado en una encrucijada y le pregunté: ¿Por qué camino debo ir a la ciudad?, y él me contestó: Este es corto pero largo y aquél es largo pero corto. Yo tomé el 'corto pero largo'. Cuando ya llegaba a la ciudad lo encontré cortado por jardines y huertos. Regresé y le increpé: ¿No me dijiste que este era corto? -Sí, pero añadí 'pero largo'. Le besé en la cabeza diciendo: Bendito eres Israel, porque todos tus miembros son grandes sabios, tanto los niños como los mayores. (Erub 53b)