La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

 

Antología de textos:
'Vida y milagros' de los sabios

 

*    La hija del emperador dijo, refiriéndose a R. Yehosúa ben Jananyá, 'qué gran sabiduría en un recipiente tan feo'. Él le contestó: ¡Pues tu padre guarda el vino en vasijas de barro! -¿Y donde lo va a guardar? Preguntó ella, y el contestó: Vosotros que sois gente importante deberíais guardarlo en vasijas de oro y plata. Ella se lo dijo a su padre que ordenó hacerlo así, y el vino se puso agrio. Preguntó el emperador a su hija: ¿Quién te sugirió eso? Y ella respondió: R. Yehosúa. Entonces el emperador lo llamó y le preguntó: ¿Por qué dijiste eso a mi hija? El dijo: Le contesté como se merecía. -Bueno, dijo el emperador, pero también hay gente con buen aspecto que al mismo tiempo es sabia... -Sí, dijo R. Yehosúa, pero si fueran feos serían más sabios aún. (Taa 7ab)

*    Abba era un sangrador que recibía beneficios del Cielo todos los días... ¿Qué méritos tenía Abba, el sangrador? -Cuando aplicaba sangrías ponía a los varones en un lugar y a las mujeres en otro. Además tenía una túnica rasgada por el hombro que era la que utilizaba con las mujeres para evitar el verlas medio desnudas y con una copa a través de la rasgadura recogía la sangre. Por otra parte los pacientes depositaban los honorarios en un lugar retirado, de forma que el que no podía pagar no se sentía avergonzado. Cuando un discípulo joven acudía a él, no consentía en cobrarle e incluso le daba dinero diciendo: Ve y come algo.

En cierta ocasión Avayé envió un par de discípulos para averiguar. Los recibió, les ofreció de comer y beber y al caer la tarde les extendió una colchonetas de lana. A la mañana siguiente los discípulos cogieron los colchones y los llevaron al zoco. Vieron a Abba y le abordaron: -¿Cuánto ofreces? Y él dijo una cantidad. -Es posible que valgan más, regatearon. Él les dijo: Eso es lo que yo pagué por unos iguales. -Efectivamente son los tuyos, dijeron; te los hemos cogido. ¿Qué piensas de nosotros? El contestó: He pensado 'quizá los discípulos necesitan dinero para redimir cautivos y no se han atrevido a pedírmelo'. -Te los devolvemos, dijeron. -No, replicó él, porque desde que los eché en falta los consideré ya como una limosna. (Taa 21b-22a)

* En una época de sequía los Maestros enviaron un par de discípulos a Abba Jilquiyá para pedirle que implorara por la lluvia. En su casa no le encontraron; salieron al campo y lo encontraron cavando. Le saludaron, pero no les hizo el menor caso. Por la tarde recogió madera y cargó la leña y la pala sobre su hombro y se puso la capa en el otro hombro. Iba descalzo, excepto para cruzar el arroyo. Al pasar por una tierra de abrojos se remangó la ropa. Cuando llegó a la ciudad su esposa salió a su encuentro con sus mejores galas, y cuando llegaron a la puerta de casa, dejó entrar primero a la esposa, después entró él y por último los discípulos.

Se sentaron a comer, pero no invitó a los discípulos. Repartió la comida a los hijos dando al mayor una ración y al menor, dos. Después dijo a su esposa en un aparte: sé que estos discípulos han venido a verme por causa de la lluvia; subamos a la azotea y recemos; no sea que al Santo, bendito sea, le parezca bien y envíe la lluvia prescindiendo de nosotros. Cuando estuvieron en la azotea él se puso a rezar en una esquina y su esposa en otra; finalmente aparecieron las nubes por el lado de su esposa. Después bajaron y preguntó a los discípulos: ¿Qué quieren los señores? -Los Maestros nos han enviado para que implores la lluvia. Él les dijo: Bendito sea el Omnipresente (que todo lo ocupa) que no os tiene sujetos a (la oración de) Abba Jilquiyá. Ellos replicaron: Sabemos que esta lluvia cae gracias a ti.

Sin embargo, prosiguieron, nos gustaría que nos explicaras tus acciones: ¿Por qué, señor, cuando te saludamos no nos hiciste caso? -Porque me habían contratado para el día entero y pensé que no tenía derecho a interrumpir mi trabajo. ¿Por qué, señor, pusiste la leña sobre un hombro y la capa sobre el otro? -Porque tengo la capa en préstamo y es para vestirla y no para otros usos. ¿Por qué, señor, ibas descalzo, excepto para cruzar el arroyo? -Porque por el camino veía dónde pisaba, pero en el agua no lo veía. ¿Por qué, señor, te remangaste la ropa al llegar a los abrojos? -Porque los rasguños pueden curarse, pero las rasgaduras de la ropa no. ¿Por qué, señor, salió tu esposa con sus mejores galas? -Para evitar que ponga mis ojos en otra mujer. ¿Por qué, señor, entró tu esposa antes que tú y luego nosotros? -Porque no os conozco. ¿Por qué, señor, no nos invitaste a comer? -Porque no había suficiente comida... ¿Por qué, señor, diste una ración a tu hijo mayor y dos al menor? -Porque el mayor está en casa y el pequeño estudia en la (escuela de la) sinagoga. ¿Por qué, señor, aparecieron las nubes por el lado de tu esposa? -Por que ella está en casa y da a los pobres comida que les aprovecha inmediatamente, mientras que yo les doy dinero que no les aprovecha al momento; o quizá tenga que ver con unos ladrones que había en el vecindario y yo recé para que murieran, mientras que ella rezó para que se arrepintieran, y se arrepintieron. (Taa 23ab)

 

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