La dieta del Dr. Dukan

 

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Antología de textos:
'Vida y milagros' de los sabios

 

* Enseñaron nuestros Maestros que el hombre debe ser siempre humilde como Hillel y no impaciente como Sammai. ¿Cómo era la paciencia de Hillel, el viejo? Se cuenta que una vez dos hombres decidieron hacer una apuesta de cuatrocientos zuzim. Dijeron: -El que vaya y consiga irritar a Hillel, cogerá los cuatrocientos zuzim. Fue uno de ellos un día que era víspera del sábado, al anochecer, y Hillel se estaba lavando la cabeza. Llegó aquel hombre, llamó a la puerta y preguntó: ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel? Se envolvió Hillel en un manto y salió a su encuentro. Le dijo: Hijo mío, ¿qué necesitas? Respondió: Necesito preguntarte acerca de una halajá. Le dijo: Habla. ¿Por qué las cabezas de los babilonios son largas? Respondió: Hijo mío, has suscitado una halajá importante. Eso se debe a que allí no hay parteras hábiles.

Se fue el hombre y esperó un rato, luego volvió a llamar a la puerta y dijo: ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel? Se cubrió Hillel, salió y le preguntó: Hijo mío, ¿qué necesitas? Respondió: Necesito preguntarte acerca de una halajá. Dijo Hillel: Habla. El hombre preguntó: ¿Por qué los ojos de los habitantes de Palmira son pitarrosos? Contestó: Porque habitan entre las arenas del desierto, soplan los vientos y las esparcen sobre sus ojos. Por esos sus ojos son pitarrosos.

Se fue el hombre y esperó un rato, luego volvió a llamar a la puerta y dijo: ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel? Se cubrió Hillel, salió y le preguntó: Hijo mío, ¿qué necesitas? Respondió: Necesito preguntarte acerca de una halajá. Dijo Hillel: Habla. Preguntó el hombre: ¿Por qué los pies de los africanos son planos? Respondió: Porque viven junto a pantanos de agua y siempre andan caminando por el agua. Por eso sus pies son planos.

Se fue el hombre y esperó un rato, luego volvió a llamar a la puerta diciendo: ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel? Se cubrió Hillel, salió y le preguntó: ¿Qué necesitas preguntar? Respondió: Tengo muchas preguntas pero temo sacarte de tus casillas. Hillel se sentó, colocó el manto y dijo: A ver, ¿qué necesitas? El hombre contestó: Si así responden los príncipes, ojalá que no abunden los príncipes como tú en Israel. Hillel le dijo: ¿Por qué dices eso? Contestó el hombre: Me has hecho perder cuatrocientos zuzim. Replicó Hillel: {Dios nos guarde! Modérate; más vale que hayas perdido cuatrocientos zuzim por culpa de Hillel, a que Hillel se hubiera enfadado. (Sabb 30b-31a) (Tomado de Herranz, pág. 19-20, según la versión de Abot de Rabí Natán 15,3.)

*    En cierta ocasión el hijo de R. Gamliel enfermó; su padre mandó dos sabios a casa de R. Janina ben Dosa para pedirle que rezase por él. Él subió a la estancia superior y se puso en oración. Cuando bajó les dijo: Podéis iros, la fiebre le ha abandonado. -¿Es que eres profeta? -Ni soy profeta ni pertenezco al gremio de los profetas, pero lo sé por experiencia: si la oración me sale fluida, sé que ha sido aceptada; en caso contrario es que no ha sido aceptada. Los dos sabios tomaron nota de la hora exacta, regresaron a casa de R. Gamliel y le informaron. -¡Por el santo Templo!, exlamó; justo a esa hora la fiebre le bajó y me pidió agua para beber. (Ber 34b)

 

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