Sintoismo
El sintoísmo es la religión nacional en Japón y está basada en el culto a los kami, espíritus indígenas de ese país y distintos de las deidades del budismo.
Aunque Sinto (el Camino de los Dioses) tiene hoy estatus de religión en Japón, en realidad su historia lo revela como una amalgama de tendencias en la vida religiosa de este país. El término «sinto» apareció por primera vez menos de treinta años después de la introducción del budismo en Japón, a mediados del siglo VI.
Su aparición sugiere la necesidad de encontrar un término definitorio que distinguiera la nueva religión de los cultos indígenas populares tradicionales de Japón. Incluso hoy el sintoísmo convive como religión oficial nacional con una amplia variedad de prácticas religiosas vernáculas. Asimismo, ha dado lugar a movimientos sincréticos que toman elementos del budismo.
Las primeras referencias al sintoísmo se encuentran en el Kojiki (Registro de las cosas antiguas) y el Nihon Shoki (Crónicas de Japón), ambos del siglo VIII. Estos libros recogen mitos de la creación que explican los orígenes de Japón y sus espíritus primigenios.
Los siglos VII y VII fueron testigo de la asimilación del sintoísmo al budismo cuando, en 765 d.C., la emperatriz Shotoku anunció que era adecuado que los espíritus sinto protegieran y reverenciaran las enseñanzas de Buda.Los movimientos resultantes de esta fusión se llamaron Sintoísmo Dual o Ryobu Sinto.
A partir del siglo XV se incrementaron los intentos por purificar la religión de las influencias foráneas con el resultado de que ahora se proclama que los espíritus sinto no sirven a los budas, sino que los budas y bodhisattvas son encarnaciones de los kami o espíritus sinto. Este nuevo sintoísmo, conocido como Fukke o sintoísmo de la Restauración, está asociado a cuatro estudiosos: Kada no Azumamaro, Kamo Mabuchi, Motoori Norinaga e Hirata Atsutane.
Sin embargo, esta versión depurada de la religión nacional japonesa, con su énfasis en Japón como tierra de los dioses gobernada por una estirpe de emperadores nacidos del sol en perfecta armonía con la diosa del astro rey, nunca proporcionó enseñanzas teóricas, doctrinas para la liberación o creencias relativas a la vida después de la muerte. Por eso los nuevos cultos, como el Tenrikyo, surgido en el siglo XIX, que sí se ocupan de estas cuestiones, gozan de considerable popularidad.

Dragón kami
Los kami hacen posible un mecanismo a través del cual los japoneses pueden contemplar la totalidad del mundo natural como algo sagrado y profano a la vez. Pueden ser dioses o seres espirituales, pero también océanos, montañas, tormentas y terremotos, también reverenciados por sus poderes. Responden a las plegarias humanas y pueden influir en el curso de las fuerzas de la naturaleza y en el devenir de las personas. Según las tradición sintoísta, en Japón hay ocho millones de kami.