beato Damián de Molokai
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El leproso por Cristo
José Damián de Veuster nació en Tremelo (Bélgica) en 1840 en un caserío de agricultores. Al abrazar la vida religiosa dos hermanas y su hermano Pánfilo, él se quedó en la casa paterna trabajando en las labores del campo.
Después de oír una misión popular, a los 18 años decidió entrar en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, donde se encontraba su hermano. Fue aceptado como lego; pero al darle unas clases de latín para que entendiera mejor la liturgia, se dieron cuenta de la gran inteligencia natural de que gozaba. Le pusieron a estudiar y a los 24 años, próximo a concluir sus estudios para el sacerdocio, su hermano cayó enfermo poco antes de embarcar como misionero hacia las islas Hawai. Entonces Damián pidió sustituirle. Su petición fue aceptada y marchó a las misiones. Fue ordenado sacerdote en Honolulú. Y en Hawai trabajó con los nativos durante nueve años.
En 1873 se ofreció voluntariamente para trabajar y cuidar a los leprosos de Molokai. En esta isla estaban viviendo unos mil leprosos de toda edad y condición, venidos de todo el archipiélago hawaiano. Iban perdiendo sus carnes putrefactas sin consuelo, curas ni asistencia sanitaria alguna. Allí se entregó plenamente al cuidado físico y espiritual de los leprosos. Movilizó la solidaridad de los gobiernos y de la sociedad.
Contrajo la lepra y, aun así, permaneció trabajando durante los cuatro años últimos de su vida, con sus queridos leprosos. Murió en 1889. Fue beatificado en 1995 y su tiesta se celebra el 15 de abril.
Mensaje
Heroísmo sublime con los leprosos de un misionero católico. Se cuenta en la vida de san Francisco de Asís que, en un acto de caridad ardiente, besó las llagas de un leproso. Mucho se ha escrito sobre ello. Si eso es ejemplar y heroico, ¿qué tendríamos que decir de una vida entregada, no en una circunstancia transitoria, como fue la del beso de san Francisco, sino día a día en una convivencia y servicio incondicional a los leprosos durante dieciséis años?
Mirando este ejemplo sin igual deberíamos hacer un hito para la reflexión en el camino de nuestra vida que es tan egoísta, tan cómoda y tan falta de sacrificio y solidaridad para las grandes causas de los hermanos que sufren.
¿Para qué sirve la vida si no es para servir a los más débiles? Entonces la vida sí vale la pena.
Damián de Molokai por Lorenzo Olaverri