beato Juan XXIII
El rostro bueno de Dios ante el mundo
Angelo Giuseppe Roncalli (1881-1963) nació en Sotto il Monte, al norte de Italia. Era el tercero de trece hermanos de una familia de humildes agricultores. Alternando el trabajo agrícola y el colegio, Angelo fue forjando su personalidad austera a la vez que su inmensa amabilidad y generosidad.
A los 17 años ingresó en el seminario de Bérgamo. Fue ordenado sacerdote en 1904 y desempeñó en su vida varios cargos eclesiásticos: capellán militar, obispo, delegado apostólico, nuncio en París, cardenal y patriarca de Venecia. Siempre estuvo cercano al pueblo y respetuoso y dialogante con el clero. Fue elegido Papa a los 76 años con el nombre de Juan XXIII. Esto fue una gran sorpresa, como también que convocara un nuevo Concilio ecuménico.
Tenía un gran sentido del humor. Cuando fue elegido sumo pontífice, le probaron una sotana blanca que le estaba estrecha. Se miró en el espejo y echándose a reír dijo: «Me han elegido todos menos los sastres».
El Concilio fue recibido con gran gozo y esperanza por toda la Iglesia. Se trataba de hacer un gran esfuerzo de aggiornamento de la Iglesia, a la vez que una profunda reflexión sobre sí misma, y todo para mejor servir al mundo. Con su inmensa bondad y con una energía sin igual, el «Papa bueno» convocó el concilio Vaticano II el 25 de enero de 1959, sólo dos meses después de haber comenzado su pontificado. Se inició en octubre de 1962, pero Juan XXIII no lo vería concluir, pues murió el 3 de junio de 1963. Pronto se inicio el proceso de beatificación. Reconocido el milagro hecho por Juan XXIII, que se aparece a una religiosa y la sana de su incurable enfermedad, se determinó su beatificación en septiembre de 2000.
Escribió siete encíclicas entre las que destacan Mater et magistra y Pacem in terris, en la que exhorta a todos los hombres a la cooperación internacional por la justicia y la paz, y a la Iglesia a interesarse por los problemas de la humanidad.
Mensaje
Hizo visible el rostro de Dios ante el mundo a través de su inmensa bondad y genial personalidad. Su tolerancia alentando la unificación de todos los cristianos, su alegría, sencillez y enorme simpatía le granjearon el amor de todo el mundo. El nos sigue dando un mensaje de permanente cercanía y bondad para con todos. Convocó el Concilio para la renovación de la vida religiosa de la Iglesia, el aggiornamento de sus enseñanzas, su disciplina y su organización. Ese es el gran mensaje y el camino a recorrer que nos muestra el «Papa bueno».
La caricia de Juan XXIII a los niños
M. Donizetti