san Alfonso María de Ligorio
Moralista y gran devoto de María
Nació en Nápoles, de ilustre familia, en 1696. A los 16 años fue investido doctor en Derecho. Llegó a tener una vastísima cultura.
Perdió un juicio en su ejercicio de abogado y se retiró de aquel mundo en el que frecuentemente la verdad es tergiversada y se dan grandes injusticias envueltas en sofismas y engaños. No aceptó dos propuestas de matrimonio y emparentamiento con nobles familias que le presentó su padre. El, en realidad, se disponía a seguir a Jesucristo dedicándole todas sus tuerzas durante su vida.
Fundó la Congregación del Santísimo Redentor para imitar a nuestro Redentor y Señor Jesucristo en la vida contemplativa de adoración y en la evangelizaron.
Escribió la obra inmortal Las Glorias de María, sobre la Madre de Dios, y las Meditaciones, que tratan del amor de Dios, y, sobre todo, los dos clásicos volúmenes de Teología moral. Aparecía esta obra en un momento en que el «jansenismo» había apartado a las gentes del sacramento de la penitencia. Unos pierden las almas —decía— por la relajación y demasiada laxitud y otros por el desaliento que crean en ellas. Esta obra busca el justo medio entre el laxismo y el rigorismo. Es patrono de los moralistas y confesores.
Fue obispo durante doce años por pura obediencia (él no quería serlo) y, habiendo pasado dos años de terribles escrúpulos y pruebas interiores, murió en 1787, a los 91 años. Su fiesta se celebra el 1 de agosto.
Mensaje
La obediencia exterior e interior. En esta época que nos toca vivir de una mal entendida libertad y rebeldía hacia casi todo, san Alfonso María de Ligorio, que aceptó ser obispo por pura obediencia, además de dejarnos un profundo tratado de moral (o lo que es lo mismo, un código de conducta que nos invita a vivir conforme a la recta razón según la ley divina) nos ofrece un texto bellísimo sobre la obediencia interior a la voluntad de Dios escondida bajo triviales acontecimientos.
Dice en el capítulo 5 del libro Práctica del amor a Jesucristo: «Dios ama al que mortifica su carne con ayunos...; pero mucho más le agrada el que sufre con paciencia las cruces que Dios le envía o que la vida le trae».
San Alfonso María de Ligorio
Giusepe Antonio Lomuscio
Postulación general de Misioneros Redentoristas (Roma)