La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

 

san Ambrosio

Continuador de la tradición de la Iglesia

 

Nació en Tréveris, Italia, en el año 339 y murió en el 397- Pertenecía a las laminas nobles senatoriales. Cursó brillantes estudios de retórica y derecho. Fue enviado como gobernador a la región de Liguria Emilia, con sede y capital en Milán. «La misión del gobernante —decía— es defender a la patria contra los bárbaros en la guerra, defender a los débiles en la paz y proteger contra la violencia a los hermanos oprimidos».
Muerto el obispo de Milán, mientras deliberaban sobre el sucesor, en la basílica de Milán se oyó la voz de un niño: «Ambrosio obispo, Ambrosio obispo». Los clérigos lo tomaron en serio y se lo consultaron al papa y al emperador. Obtuvieron respuesta afirmativa de ambos, y lo que el niño dijo y luego repitió la muchedumbre fue una realidad al aceptar Ambrosio la sede de Milán. Se bautizó (pues ni siquiera estaba bautizado) y en un breve período de tiempo recibió las órdenes de presbiterado y episcopado. Aquel dechado de justicia y sabiduría comenzó una vida de gran austeridad, oración y penitencia. Su casa comenzó a ser la casa de todos, y sobre todo fue la casa abierta a los pobres.
La espiritualidad está plasmada en su obra escrita, que es sobre todo moral y ascética. El Examenon, el Comentario a los salmos y al evangelio de Lucas, Sobre la virginidad, De los misterios, etc., conforman una tan gran obra que hacen de Ambrosio uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia.
Su fiesta se celebra el 7 de diciembre.


Mensaje


Cristo, único fundamento para una sociedad superficial. El mensaje es excelente para nuestro tiempo, en el que el mundo está dominado por la increencia y en el que la misma re católica está enfrentada con los principios dominantes en nuestra sociedad materialista y hedonista, lo que constituye un terrible muro a la hora de evangelizar. Hoy no sólo hay un abandono o resquebrajamiento moral «superficial» de costumbres, sino que la misma sociedad ha quedado «desfondada», es decir, se ha quedado sin fundamento, sin lo que es sustancial, sin algo a lo que agarrarse al haberse quedado sin Dios. Son síntomas de esto la falta de razones profundas para amar y afrontar la vida, la desilusión, la indiferencia, la tristeza...
Necesitamos volver a ejemplos señeros que, como Ambrosio, escogieron a Cristo como sólido fundamento para vivir: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21).


san Ambrosio

San Ambrosio

Anónimo español

Museo del Prado (Madrid)

 

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