san Anselmo de Canterbury
Padre de la Escolástica o la fe que busca la razón
Nació en Aosta en el año 1033. Se le considera la mayor lumbrera del s. XI y es llamado «Padre de la Escolástica». Es un hijo del feudalismo reinante, nacido en el castillo de Clos-Chatelle, de los nobles castellanos Gondulfo y Ermenberga (noble matrona y gran educadora cristiana).
Primeramente recibió una esmerada educación monástica con los benedictinos de Aosta, donde aprendió los caminos de encuentro con Dios. Luego, al enfrentarse su padre con él, anduvo errante por Bolonia y Normandía, llevando una vida inquieta y disipada.
Atraído por la rama de Lanfranco, entonces prior y luego abad de Bec, ingresó en esta abadía en la que culminó su brillantísima formación cultural. Abrazó definitivamente la vida monástica el año 1060. Luego fue también prior y abad de dicha abadía durante los años más fecundos de su vida en cuanto a producción literaria. Nombrado arzobispo de Canterbury a la muerte del también arzobispo Lanfranco, vivió una vida agitada y fue perseguido al no querer recibir la investidura del rey Guillermo II. Exiliado por dos veces, volvió a su antigua sede de Canterbury, donde murió en el año 1109-
Son muchas sus obras y todas de carácter filosófico o teológico. No olvidemos que a su doctrina racional unía siempre una profunda afectividad y espiritualidad. Destacan sus obras Nonologium, Proslogium o Pides quaerens intellectum, Por qué un Dios nombre, Del concepto virginal y del pecado original (primera obra mariana), Oraciones y meditaciones, etc.
Su tiesta se celebra el 21 de abril.
Mensaje
La revelación ilumina la razón y esta escudriña los misterios de la fe. Antes de él la teología se centraba en una profundización bíblico-Iitúrgica sin un compromiso de profundización intelectual y metafísica. Anselmo puede ser considerado «un metafísico del dogma» que abre una nueva época y generación de teólogos (la Escolástica) que, sin olvidarse del fundamento bíblico, pondrán toda la profundización racional para una visión más completa de la le. Busca la esencia de Dios en su célebre argumento ontológico de la existencia de Dios (rechazado por unos y por otros alabado), lo que nos revela el ardiente deseo que tenía del conocimiento de Dios.
A Dios hay que amarlo con todo el corazón pero también con toda la inteligencia y profundización racional de sus misterios.
San Anselmo
Manuel Pereira
Monasterio de Benedictinas de la Encarnación (Madrid)