san Bernardo
Gran contemplativo y de una actividad colosal
El último de los padres en el tiempo y uno de los primeros en doctrina y santidad nació en 1090 en Fontaines-les Dijon (Borgoña) de noble familia feudal. Al acabar sus estudios en las escuelas de canónigos de Châtillon, el hombre más influyente del siglo XII, renovador del Cister y de la vida cristiana de la Edad media, hombre de un físico agraciado y de unas dotes humanas espléndidas, se dejó arrastrar durante algún tiempo por las fiestas mundanas en su castillo.
Al cumplir Bernardo los 20 años murió su madre, la dulce y piadosa Aleth
(Alicia), que con tanto ahínco le había enseñado la devoción a la Virgen y la práctica de las virtudes cristianas. Ingresó entonces no en Cluny, sino en la abadía de Cîteaux. Bernardo se convierte en su segundo fundador. No tenía vocaciones y Bernardo la llenó de vocaciones, pues arrastró a ella a casi todos sus hermanos, a su mismo padre y a muchos amigos y nobles. Esta abadía, reformada por Roberto de Solesmes, fue transformada por Bernardo, con su espíritu y extrema fidelidad a la regla benedictina. Luego será enviado a fundar el monasterio de Claraval, como filial del monasterio del Cister, del cual es elegido abad a los 25 años, y cuyo cargo regentará durante los cuarenta años restantes de su vida hasta su muerte en 1153.
Organizó la vida del monasterio con gran rigor y, en cambio, la celebración litúrgica con gran esplendor. Fue requerido por papas, concilios, reyes...
Tuvieron gran influjo sus escritos, transidos de cristocentrismo y de amor a la Virgen María y a la Iglesia. Sus obras más destacadas son Tratado del amor a Dios, Cartas, Comentarios y sermones sobre el Cantar de los Cantares, Alabanzas de una nueva milicia (regla de los caballeros Templarios), etc.
Su fiesta se celebra el 20 de agosto.
Mensaje
Vida activa y contemplativa intensa. San Bernardo nos enseña a ir a los hombres y a estar con los hombres, pero habiendo ido y estado antes con Dios.
Encarnaba en su vida el ideal de María y Marta. Sabe que el espíritu de Jesucristo y su evangelio es el único camino para edificar la civilización del amor (o la ciudad de Dios) y en ese empeño evangelizador, en un esfuerzo casi sobrehumano, emplea toda su vida el gran apóstol del siglo XII.
Lleva una vida que es al mismo tiempo monástica, política, contemplativa y apostólica. Es el modelo del apóstol moderno: de gran actividad y profunda contemplación.
san Bernardo y la Virgen
Alonso Cano
Museo del Prado (Madrid)