san Bruno
Fundador de los Cartujos
Nació en Colonia en 1030 y murió en 1101. Estudió filosofía y teología en la escuela de la catedral de Reims. Se ordenó de sacerdote en Colonia y fue canónigo basta que volvió a Reims para ser director de la escuela de la catedral.
Cuando era canciller del arzobispado de Reims, tuvo que huir porque reprochaba a su prelado su elección simoníaca. Después de varias idas y venidas, optó por la vida de ermitaño. Entonces se retiró a Sécne-Fontaine, lugar donde el abad san Roberto de Solesmes le orientó y le permitió la erección de una ermita. Otras seis personas se consagraron con él en la soledad. Con ellas se dirigió a Grenoble, donde el obispo Hugo les concedió el bello y solitario lugar de Chartreuse. Allí se edificó la Grande Chartreuse (Gran Cartuja). Había nacido la Orden de los Cartujos... Luego el papa Urbano II, que antes había sido discípulo suyo en Reims, le concedió en Roma la iglesia de San Ciríaco (hoy no existe con ese nombre) que sería convertida después en la Gran Cartuja, pintada y decorada por el gran genio de Miguel Ángel. Hoy es Museo Nacional de Roma y de ella quedan solamente restos de la iglesia y del claustro.
Aunque nunca ha sido canonizado, la Santa Sede autorizó su culto primero a los cartujos, en 1514, y luego a toda la Iglesia desde 1674. Su fiesta se celebra el 6 de octubre.
Mensaje
El doble silencio de las cosas y del corazón. La búsqueda de Dios en la soledad y el silencio más riguroso es la meta de todo cartujo... Todo cristiano tiene que buscar al mismo Dios que anhela y busca el cartujo. Por ello es muy necesario hacer callar a las criaturas y nacer verdadero silencio de corazón.
Es absolutamente necesario nacer el «silencio de los sentidos». No se cansa el ojo de ver ni el oído de oír. Cada sentido tiene su objeto propio. El ojo: los colores, los volúmenes, la belleza o realdad de las cosas; el oído: los ruidos, las palabras habladas, la música... Cuando los sentidos se quedan vacíos de su objeto propio (silencio exterior) entonces la inteligencia y el corazón suelen quedar vacíos también porque «nada hay en el entendimiento si no ha estado antes en los sentidos».
Mas también es necesario nacer silencio «interior» de los alectos y deseos terrenos del corazón, para escuchar e intimar con el Dios del Espíritu y del silencio. La soledad y el silencio son medios necesarios para encontrarse en profundidad con Dios. Es la razón del silencio cartujano.
san Bruno renuncia a la mitra de Reggio
Vicente Carducho
Museo del Prado (Madrid)