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san Esteban

Hecho palabra viva en su martirio


Los doce apóstoles convocaron la asamblea de los discípulos y eligieron a siete hombres de buena rama y llenos del Espíritu Santo para que se ocupasen del cuidado de los pobres y de las viudas. Y como cabeza de fila eligieron a Esteban. Dice el capítulo 6 de los Hechos de los apóstoles que Esteban estaba lleno de gracia y poder, y realizaba grandes prodigios y signos ante el pueblo. Al no poder vencer a Esteban en las disputas que tenía con los judíos, estos sobornaron a unos falsos testigos para que dijeran: «Nosotros hemos oído a este decir palabras blastemas contra Moisés y contra Dios» (He 6,11). El pueblo, al oír esto, se amotina ante Esteban y lo lleva al Sanedrín, el cual siguió acusándolo de que hablaba contra el templo y contra las tradiciones mosaicas. Entonces vio todo el Sanedrín su rostro como el rostro de un ángel. Continuó preguntándole el sumo sacerdote y san Esteban le hizo un largo discurso sobre Abarán, la alianza y Moisés.
Se consumían de rabia mientras lo escuchaban. Y les dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios» (He 7,56).
Todos a una se abalanzaron sobre Esteban, lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Mientras, él decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Y añadió, estando de rodillas: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Fue el primer mártir y venerado siempre con gran fervor del pueblo. El mártir es la más elocuente palabra y el mejor testigo de Cristo. Su fiesta se celebra el 26 de diciembre.


Mensaje


El martirio y el pecado de envidia y perjurio. ¿Sabes que la vida cristiana, tu misma vida cristiana, es un rosario de actos martiriales al tener que vencer las pasiones y vencerte a ti mismo? El martirio no es un mal en sí mismo, sino una especial gracia de Dios y fermento de vida cristiana. Mas sí son malos el perjurio («sobornaron a unos testigos falsos» [He 6,11 para acusar a Esteban) y la envidia («se consumían de rabia mientras lo escuchaban» [He 7,54]) pues estos pecados suelen terminar matando al inocente. Destierra de ti (si los tuvieras) estos terribles vicios y pecados que tanto ofenden a Dios, pues terminan ensañándose con el inocente y dando muerte a la inocencia. Por eso san Esteban oraba diciendo: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (He 7,60). El pecado de perjurio y el de la tan solapada envidia, además de ofender gravemente a Dios, al primero que causan la muerte es al que los comete.

san Esteban

El entierro de san Esteban

Juan de Juanes

Museo del Prado (Madrid)

 

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