san Felipe Neri
El santo de la alegría
Nació en Florencia en 1515 y a los 26 años llegó a Roma como vagabundo del Señor. Educado por los dominicos de Florencia fue por ello gran admirador de Savonarola. Es uno de los santos más amables del calendario de la Iglesia. Un día el hermano Zaboni le riñó porque se reía a carcajadas cuando leía Las bromas del cura Arlotto: «Está mal que los sacerdotes rían ruidosamente», le dijo. Le contestó Felipe: «El Señor Dios es bueno, ¿cómo no va a alegrarse de que sus hijos nos riamos? La tristeza nos nace doblar el cuello y no nos permite mirar al cielo...».
Felipe llegó a ser conocidísimo en Roma. Fue amigo de san Ignacio y de san Francisco de Sales. Es casi proverbial su don de lágrimas y de hacer milagros. Sin embargo, el papa Pablo VI, haciendo caso de rumores y calumnias, le retiró las licencias para confesar. Esto lo sufrió pacientemente.
Su obra por excelencia es la fundación de la Congregación del Oratorio para instruir a los niños y a los jóvenes.
Antes de morir, en 1595, quemó incomprensiblemente todos sus escritos. Su fiesta se celebra el 26 de mayo.
Mensaje
Vivir alegre es hacer felices a los demás. Con tono jovial dedica largas horas a charlar con los jóvenes y a compartir su alegría. Se le llama el santo de la alegría. Para él, la alegría es fruto del amor y camino que conduce al amor. La alegría es una necesidad y una fuerza vital en la vida. Es indispensable para la salud corporal y espiritual. La alegría hay que cultivarla mirando más el aspecto positivo de las cosas y de las personas que el aspecto negativo. Es cierto que la alegría no suprime el sufrimiento, pero lo alivia y lo transforma.
San Felipe Neri había experimentado que asistir a enfermos, visitar cárceles o atender a pobres peregrinos con alegría ayuda a descubrir más posibilidades que haciendolo con tristeza o con miedo. El libro de los Proverbios asegura que «la alegría de corazón es un festín perpetuo» (Prov 15,15).
Dirá este santo que la alegría es nuestro primer poder y hasta nuestro primer deber. La necesitamos y la necesitan los que conviven con nosotros.
Vivir alegres es transpirar paz, serenidad, confianza. Es no dejarse vencer por las circunstancias, el infortunio, el dolor o la fragilidad de las cosas.
La alegría nos viene cuando nos damos a los demás y seguimos a Jesucristo.
san Felipe Neri
Vicente López
Convento de las Religiosas Filipenses
(Alcalá de Henares- Madrid)