san Francisco de Borja
El abandono del mundo para servir a Dios
Nació en Gandía en 1510. Pertenecía a la famosa familia de los Borja. Por parte de padre descendía de Alejandro VI y, por parte de madre, del rey Fernando el Católico. Fue educado refinadamente en el Castillo de Gandía, ya que había de ser duque de Gandía y virrey de Cataluña. Era el perfecto caballero y un cristiano fervoroso. Podríamos decir que en él se lavaron las manchas de sus antepasados, pues en poco se parece su vida a la de los Borgia de Italia.
Se casó a los 19 años con Leonor de Castro, la dama más querida de la emperatriz Isabel. Su hijo, Carlos, era compañero del príncipe Felipe.
Hay un hecho preciso que dejará una huella indeleble en Francisco: la muerte de la emperatriz Isabel en Toledo, en 1539. Según muchos historiadores era considerada la mujer más bella de Europa. A Francisco, por encargo del emperador Carlos V, se le había encomendado velar en vida y en muerte a la emperatriz. Francisco estuvo velando permanentemente el cadáver de la emperatriz en su largo viaje de dieciocho días hasta llegar a Granada. Tuvieron que abrir el féretro para certificar la autenticidad del cuerpo. Lo vio tan desfigurado y descompuesto que le llevó a exclamar: «No más servir a rey que se me pueda morir». Este hecho y la muerte de su esposa Leonor, cuando él tenía sólo 36 años, le llevaron a tomar una decisión irrevocable: dejar el mundo y entrar en religión en la Compañía de Jesús.
Se da entonces a penitencias excesivas y a una vida de mucha oración, y sirve la comida como humilde lego a Ignacio de Loyola. Fortaleció la Compañía de Jesús cuando fue nombrado su tercer general. Murió en Roma en 1572. Su fiesta se celebra el 3 de octubre.
Mensaje
Abandono del mundo y servicio de Dios. San Francisco de Borja, grande entre los grandes de España, se da cuenta de que la gloria, la riqueza, los placeres y el brillo de la belleza terrena tienen desde que nacen la estocada del vacío y de la muerte. Por ello, dejándolo todo, consagra su actividad y todo su ser al servicio de Dios. «Servicio» que no significa «esclavitud», pues «servir a Dios es reinar». Escribía a san Ignacio en una carta: «Plega al Señor nos dexe entender con acción de gracias qué cosa es llamar a uno para servirse del, poniéndole en los negocios en que puso a su sacratísimo Hijo. Por cierto, tengo que si esto se tuviese en lo que vale, los reyes dexarían sus oficios por ser siervos de los siervos de Dios».
La conversión del duque de Gandía
José Moreno Carbonero
Museo del Prado (Madrid)