La dieta del Dr. Dukan

 

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san Isidro

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Labrador santo


Este humilde trabajador del campo, criado del patrono Juan de Vargas, comienza su existencia en Madrid en el año 1080 y muere en 1130. De cuna muy humilde, su pobreza le obliga desde muy joven a trabajar en los campos de su amo, en los páramos de Getafe y Carabancbel, o en las orillas del Manzanares y el Jarama. Contrae matrimonio con una joven de Torrelaguna, María Toribia (santa María de la Cabeza). De ellos nació un hijo.
Isidro, prolundamente piadoso, antes de ir al trabajo, siempre que podía, iba a oír misa a la Almudena o a Nuestra Señora de Atocha.
Su historia está envuelta en la leyenda que adorna su vida al recordarnos verdaderos prodigios. Su amo estaba contento con su fiel criado. Pero inevitablemente a sus oídos llegaron las calumnias de los envidiosos. Al escuchar a estos que su criado en vez de trabajar en los campos se dedicaba a visitar iglesias, pudo comprobar cómo los ángeles del cielo araban con la yunta de bueyes mientras su criado oía la santa misa. Con su aguijada abre una fuente en la dura roca. Alimenta en el frío invierno a los pajarillos con parte del trigo que llevaba para sembrar y, ¡ob prodigio!, el saco queda tan lleno como antes.
Calderón, Guillen de Castro y otros le cantaron en sus versos y la corte de Madrid se rindió a sus pies. Fue canonizado junto a grandes santos, como Ignacio de Loyola, Felipe Neri y Teresa de Jesús...
Llevó una vida de trabajo fiel acompañado por la casi permanente oración y la contemplación de la bondad divina, reflejada en aquellos campos bañados de sol y belleza. Su fiesta se celebra el 15 de mayo.


Mensaje


Modelo de trabajadores humildes. Eso fue san Isidro Labrador. En la vida hay muchos trabajos sin relevancia. Casi todos. En la oficina uno solo es el jefe y los demás obedecen; en la milicia uno manda y legiones de soldados obedecen; hay trabajos duros en el mar, en el hospital, en la enseñanza, en el hogar, en el taller... San Isidro entendió que nada es grande (¡nada merece la pena!) sino sólo hacer bien lo que se hace y llenarlo todo de amor a Dios y amor al prójimo. En la irrelevancia y sencillez del trabajo de san Isidro, reconocido corno heroico por la Iglesia, vaya también el reconocimiento más profundo y sincero para legiones de humildes trabajadores del campo y de todas las profesiones y condiciones que sin ser reconocidos en este mundo (muchas veces menospreciados) cumplieron como fieles servidores y serán grandes por siempre ante Dios.


san Isidro

san Isidro y el milagro de la fuente

José Leonardo

Museo municipal de Madrid

 

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