san Jerónimo
.
El doctor de las Sagradas Escrituras
Nace en Estridón en el 347, dentro de una familia cristiana. Muere en el 420. En Roma estudia los clásicos y lleva una vida mundana y disipada. En Antioquía es ordenado sacerdote. Va a Roma y asiste al papa san Dámaso en el Concilio del año 382.
Le nombra el Papa su secretario y confidente. Le encarga la revisión de los Evangelios. Dirige un círculo espiritual de nobles matronas romanas, y fustiga los abusos y vicios del clero romano. Tiene que huir. Va a Belén en en el año 382: allí es director espiritual de dos monasterios (uno de hombres y otro de mujeres). Estudia el hebreo en profundidad. Allí vive durante treinta años dedicado al estudio, exégesis y comentarios a la Sagrada Escritura. Lleva una vida ascética de áspera penitencia y trabajo tal que dice de él Sulpicio Severo: «Jerónimo está noche y día inmerso en el estudio, abogado en sus libros; no se toma una hora de descanso: si alguien lo busca lo encuentra leyendo o escribiendo, y no hay manera de sacarlo de su banco de trabajo, rodeado de toda clase de pergaminos».
Destaca entre sus obras la traducción, del hebreo al latín, del Antiguo Testamento y la revisión del texto latino del Nuevo Testamento. Es la llamada biblia Vulgata. Su fiesta se celebra el 30 de septiembre.
Mensaje
Apasionado escrutador de las Santas Escrituras. Su gran aportación a la Iglesia son sus trabajos de traducción y exégesis de la Sagrada Escritura. El decía: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».
Su pensamiento espiritual está en las cartas. La ascesis cristiana la centra en seguir a Cristo y configurarse perfectamente con él. Esta configuración consiste en: el estudio y la meditación de los libros sagrados para penetrar el misterio cristiano; la oración que mantiene el contacto con Dios y reaviva la caridad; la Eucaristía. Dice de ella: «Está siempre en peligro quien se dispone a alcanzar la morada celeste sin el pan celestial».
Habla a los jóvenes, a los esposos, etc. Dice a las viudas: «El vacío por el marido sólo puede llenarse por Cristo, el más grande y verdadero amor».
A los sacerdotes les dice: «Evite los banquetes con seglares ricos porque sería cosa torpe para el discípulo de un crucificado. Estudie las Escrituras y a este estudio añada la integridad de costumbres».
san Jerónimo penitente
Bartolomé Esteban Murillo
Museo del Prado (Madrid)