san Juan de Ávila
Patrono del clero español y maestro del pueblo
Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) en 1499 y murió en 1569. Cuando fue ordenado sacerdote celebró su primera misa invitando a doce pobres a quienes él mismo sirvió con gran amor. Muerto su padre, vendió sus posesiones y entregó el dinero a los pobres.
Se ofreció como misionero para el Nuevo Mundo, pero el arzobispo de Sevilla, don Alonso Manrique, le dijo: «Aquí están sus Indias»; y se quedo en España ejerciendo el ministerio de la predicación, sobre todo en Andalucía, por lo que es llamado el «apóstol de Andalucía».
Renunció a obispados, al capelo cardenalicio y a ser confesor de Felipe II. Practicó lo que enseñaba a sus clérigos: no buscar honores ni privilegios.
Se preocupó enormemente de la formación de los candidatos al sacerdocio abriendo varios colegios. Igualmente cuidó la formación espiritual del clero.
Tenía todas las grandes cualidades de un orador: conocimiento de las Escrituras, sólida preparación, presencia venerable, voz sonora, imaginación brillante, alma fogosa y «una blandura de caridad» que conmovía los corazones.
Influyó muchísimo en los grandes santos de su tiempo: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Pedro de Alcántara, fray Luis de Granada...
Entre sus obras destaca el Audi, filia, tratado de oración para toda clase de personas con modos sencillos de orar, escrito en el año que estuvo recluido en la cárcel por la Inquisición («allí —dice— comprendí mejor el misterio de Cristo»). Otras obras suyas son el Tratado del amor de Dios, Tratado sobre el sacerdocio, Catecismo en verso, Pláticas...
Su fiesta se celebra el 10 de mayo.
Mensaje
Modelo del clero. El ateísmo, drama del nombre moderno, pone la liberación del hombre en la liberación económica y social (el hombre por sí mismo es autosuficiente) llegando a afirmar que la religión se opone a esa liberación e incluso a la dignidad del hombre, y por eso hay que destruirla. San Juan de Avila, entregado a vivir y predicar a Jesucristo como única salvación del hombre, es como un faro luminosísimo para la terrible ceguera del ateísmo.
De él dice fray Luis de Granada, su biógralo: «Esotras cosas, las extraordinarias parecen ausentes de la vida de Juan de Avila ; pero el amor de penitencia y de cruz y de pobreza poseíalo en grado eminente. Su vida era una mortificación continua: cuatro horas de sueño, seis horas de oración».
san Juan de Ávila
Anónimo
Parroquia de la Asunción
(Almodóvar del Campo, Ciudad Real, España