san Lorenzo
Diácono y mártir
Nace en Huesca y muere en Roma en el 258. Poco sabemos de su juventud, pero sí de su martirio. «En Roma —escribe san Cipriano— los prefectos se ocupan diariamente en la persecución, condenando a muerte a los que son acusados y apoderándose de sus bienes».
¿Cómo se encontraba en Roma y había llegado a ser el diácono del papa? Prudencio lo dice en su Peristephanon (Las Coronas): «Era el primero de los siete varones que se agrupaban junto al ara... El tenía las llaves de las cosas sagradas y, gobernando como fiel custodio, dispensaba las riquezas de Dios».
Los paganos creían que los cristianos poseían grandes riquezas, por lo que no sólo causaban el martirio sino que se apoderaban de sus bienes.
Pocas horas después del martirio del papa Sixto II, al que Lorenzo dijo: «¿Dónde va el Padre sin su hijo?», cogieron prisionero a Lorenzo para que les entregara todas las riquezas: «Es necesario que me entreguéis todas las riquezas para ayudar al soberano», le dijo el precepto Cornelio Secularis. Lorenzo le pidió tres días para reunirías y entregárselas... Y a los tres días reunió en una explanada a todos los pobres, enfermos, lisiados... que pudo, y le dijo al prefecto: «Estos son nuestros tesoros: tomadlos». Entonces se encendió terriblemente la ira del magistrado, que le dijo: «Pagarás esta burla como te mereces». Enseguida mandó quemarlo vivo como un animal de sacrificio.
El rostro de Lorenzo, sobre el fuego, brillaba con una belleza celeste. Le decía al prefecto: «Ya estoy asado de este lado; vuélveme del otro y come». En su honor está construido el monasterio de El Escorial en forma de parrilla. Su fiesta se celebra el 10 de agosto.
Mensaje
Martirios cruentos e incruentos. Hoy hemos de fijarnos en personas que, día a día, van realizando su vida cristiana con heroísmo de mártires: la paciente y sufrida madre que tiene al hijo enfermo crónico, adicto a las drogas o deficiente mental y se entrega de por vida a servirle; el encarcelado que lamenta arrepentido sus hechos y permanece en la cárcel; los que han sufrido terribles calumnias e injusticias y se pasan la vida naciendo permanentes ejercicios de perdón; los grandes ascetas y los místicos con terribles noches oscuras; los innumerables sufrientes del tercer y cuarto mundo.
¡Oh cruz gloriosa la de tantos crucificados creyentes cristianos que, sin derramamiento de sangre, tendréis los honores del martirio!
Martirio de san Lorenzo
Jean de Boulogne
Museo del Prado (Madrid)