san Luis Gonzaga
Admírable por su inocencia y su penitencia
Hijo mayor de ocho hermanos, heredero del Principado de Mantua y príncipe del Sacro Imperio nació en Mantua en 1568. Desde muy niño aparece en él la inclinación a una vida de intensa piedad y a una severa penitencia. Inocencia y penitencia.
Su padre, para quitarle de la cabeza ese género de vida tan poco acorde con el de la alta sociedad a la que pertenecía, y también para apartarle de sus ansias ardientes de ingresar en la Compañía de Jesús, le envía a Florencia con su hermano Rodolfo. Allí, rodeado de los ambientes fastuosos de los Medici, su padre piensa que aquella clase de vida le apartará de sus delirios de piedad y del deseo de ser religioso. Pero Luis piensa de otra manera: «¿Qué es todo esto para la eternidad?». En Florencia, en la Iglesia de los Servitas, hace voto de castidad.
Influenciado por fray Luis de Granada y san Roberto Belarmino (su director espiritual) a los 15 años ingresó en la Compañía de Jesús. Allí progresa rápidamente en todas las virtudes propias del religioso. Se dedica a atender a enfermos contagiosos de cólera y él mismo contrae la enfermedad, que le lleva a entregar su alma a Dios en Roma en 1591, a los 23 años.
Dice en una carta a su madre antes de morir por el contagio: « Al llegar tu carta me encuentro todavía en esta región de los muertos. Pero un día u otro ha de llegar el momento de volar al cielo, para alabar al Dios eterno en la tierra de los que viven... Todo esto, lo digo solamente para expresar mi deseo de que tú, así como todos los demás miembros de mi familia, consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gran gozo...».
Su fiesta se celebra el 21 de junio.
Mensaje
Servir a Dios. Nada, ni los títulos nobiliarios, la riqueza o las lujosas fiestas de los Medici, ni su padre ni el mundo entero pudieron hacer desistir a san Luis Gonzaga de una entrega radical a Dios. Hermoso mensaje para las juventudes que masivamente se olvidan de Dios por obedecer los imperativos del mundo y de la carne. Cuando estos se instalan en el corazón desechan a Dios del alma y lo «esclavizan». En cambio la penitencia y la pobreza vividas por Cristo proclaman la soberanía absoluta de Cristo y su salvación.
Todo cristiano está llamado por Cristo a llevar una vida de inocencia para alabanza de Dios y de penitencia para mejor someterle nuestro ser.
san Luis Gonzaga cuidando a los apestados de Roma
Bernardo Gantier
Parroquia San LUis Gonzaga (Madrid)