La dieta del Dr. Dukan

 

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san Pablo

 

Apóstol de los gentiles y modelo de conversión


San Pablo es la figura más relevante de los primeros tiempos de la Iglesia de Jesucristo. San Jerónimo solía decir que «el mundo no verá jamás otro nombre de la talla de san Pablo».
Nace en Tarso, capital de la provincia romana de Cilicia. Es romano por nacimiento, judío de raza y de religión, fariseo celoso con sólida formación en la escuela del gran maestro Gamaliel, e irreprochable según la justicia de la Ley (Flp 3,5). En su juventud asiste y toma parte en el martirio de Esteban, transformándose en un violento perseguidor de los cristianos (Flp 3,6).
Su conversión a las puertas de la ciudad de Damasco es un caso singular, y su caída del caballo ha pasado a ser un símbolo de toda conversión (He 9,4); al ser derribado de su prepotencia y de su agresiva intolerancia empieza a escuchar la verdadera voz de Dios: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?... ¿Quién eres, Señor?... Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (He 9,5).
El perseguidor Saulo se siente desarmado y vencido por Aquel contra quien respiraba violencia y deseos de muerte. Pero desde ese momento ha nacido un hombre nuevo. El fuego del Espíritu arde en su corazón y le abrasa las entrañas, se entrega por entero a predicar el nuevo evangelio a todos los nombres, preferentemente a los que viven fuera de las fronteras de Israel.
En largos viajes apostólicos, visita ciudades y crea comunidades cristianas en medio de la sociedad pagana de su época, dejando discípulos fieles al frente y manteniendo una amplia y fecunda correspondencia epistolar. Sus catorce cartas son las más leídas de todos los tiempos.
Su fiesta se celebra, junto con la de san Pedro, el 29 de junio.


Mensaje


La vocación apostólica es un don para el servicio a los demás. Las llamadas del Señor no suelen ser tan espectaculares, pero cuando así sucede se aprecia mejor la gratuidad y la predilección por la persona elegida. Pablo fue una tierra buena donde cayó la semilla del Señor. Siempre es bueno reflexionar brevemente sobre la calidad de nuestra tierra. Parece como si los cristianos de nuestro tiempo tuviéramos una fe heredada y acomodada a la sociedad que vivimos. Es una fe adormecida. No hemos caído de ningún caballo en este camino hacia nuestro Damasco personal. Por eso no nos hemos encontrado con el Señor resucitado, que está deseando que se produzca el encuentro liberador para enviarnos a la inaplazable tarea de la evangelización.


san Pablo

san Pablo

Pedro Pablo Rubens

Museo del Prado (Madrid)

 

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