
san Roque y san José entregando al Niño Jesús a santa Teresa de Jesús, Fray Santísimo Sacramento, Convento de los Carmelitas Aguilar de la Frontera, Córdoba, España
Nació en Montpellier en 1295. Era hijo de un noble magnate de la corte de Pedro I el Grande, rey de Aragón. Su padre ejerció como Gobernador de Montpellier. Creció en su patria provenzal entre cantos de trovadores, narraciones guerreras y fiestas en castillos. Mas todo aquel boato le parecía vacío y le hastiaba. Su espíritu era mucho más profundo. Quedó huérfano de padre y madre y único heredero de una inmensa fortuna. Tomó entonces la decisión de dárselo todo a los pobres y, vestido de peregrino, se dispuso a cumplir lo que dice la parábola: «Hubo un hombre rico que llamó a sus servidores, les distribuyó sus bienes, y después se marchó a una región lejana…».
Iba en dirección a Roma cuando encontró las ciudades de Italia diezmadas por la peste. Lleno de piedad y compasión se dio cuenta de que ahí tenía su «misión». Se consagró al servicio de los enfermos en los hospitales y atendía a los apestados en sus mismas casas. Aquapendente, Florencia, Cesena, Roma… se beneficiaron de la caridad y servicios de este joven provenzal.
Pasó después al hospital de Plasencia. Día y noche, exceptuado el tiempo dedicado a la oración y al breve descanso, lo pasaba solícito junto al lecho de los enfermos y moribundos. También él contrajo la terrible enfermedad y, como apestado, se le recluyó cruelmente en un rincón del hospital. Después, perseguido y calumniado, tuvo que huir a un bosque vecino, fuera de los muros de la ciudad. Una mente cristalina calmaba su sed y un perro que, compasivo, le lamía las heridas, le traía en la boca un pan desde un castillo vecino. Se recuperó y volvió a Montpellier, donde no lo reconocieron. Fue tratado como un espía y recluido en la cárcel, donde permaneció hasta que su alma, como una luz refulgente, subió a la gloria de los cielos en 1327. Su fiesta se celebra el 16 de agosto.
Las obras ae misericordia, el código de conducta de los santos. San Roque, con su ancho sombrero, su bordón, su capa de peregrino y su perro fiel, enseñándonos su doliente pierna llagada (así aparece en innumerables ermitas) es un ejemplo luminoso que nos invita a ser peregrinos caminantes por este ancho mundo, recorriendo los caminos de la caridad y de las obras de misericordia —espirituales y corporales— que todo cristiano ha de practicar. No se puede seguir al Señor, ni siquiera ser cristiano, sin entregar la vida en obras de caridad y misericordia. Al final de la vida lo importante es haber vivido bien el amor de obras. De esto será el juicio del Señor: del amor afectivo y electivo.
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