santa Cecilia
Virgen y mártir
Santa Cecilia (s. II-III) es una de las santas romanas más celebradas. Pero su vida está envuelta en datos legendarios de la aurora de los primeros tiempos cristianos. Cecilia, de la noble familia de los Cecilios Metelos, parece que desde niña vivió la fe cristiana y siendo muy joven consagró a Dios su virginidad. Se la nombra en el canon romano de la misa. Es la santa que tuvo más iglesias y basílicas dedicadas en la Antigüedad. También los grandes pintores como Rafael, van Dyck, Dolci..., la representaron con sus pinceles, llena de belleza e inocencia y con algún instrumento musical entre sus manos, pues no en vano es patrona de los músicos.
Uno de los cinco formularios del Sacramentario veronese nos dice en el prefacio que Cecilia, habiendo accedido a casarse con Valerio por imposición de su padre, convirtió a su marido en el día mismo del esponsal, en la habitación nupcial, tras la aparición de un ángel. Valerio recibió el bautismo con su hermano Tiburcio y luego, según aparece en un dato de un mosaico del s. IX en la basílica romana de Santa Cecilia, murió mártir.
Cecilia se niega a ofrecer sacrificios a los dioses paganos y a dar culto al emperador, y por ello es condenada a morir en una caldera de agua hirviendo. No muere allí porque una fría lluvia del cielo la refresca. Luego es condenada a morir decapitada. El verdugo no logra separar su cabeza a pesar de sus violentísimos golpes. Muere a consecuencia de aquellas heridas después de tres días de agonía. Es enterrada en las catacumbas de San Calixto. Su riesta se celebra el 22 de noviembre.
Mensaje
Testigo con la doble corona de la virginidad y el martirio. En la antífona del rezo del Benedictus se dice: «Animo, soldados de Cristo, dejad las actividades de las tinieblas y pertrechaos con las armas de la luz». La luz siempre vence a las tinieblas. En esta época nuestra en que hay tantos lugares oscuros en las creencias y tantas aberraciones en las costumbres, necesitamos de la virtud, la inocencia y la fortaleza de los santos, que, como Cecilia, son una brillante luz que a unos alienta e ilumina y a otros les descubre sus caminos errados, despertándoles así las conciencias dormidas. Cecilia sigue siendo testigo de Cristo ante el mundo al amar más la virginidad que el propio matrimonio (se casó obligada) y más la re en Cristo y la fidelidad que la propia vida.
santa Cecilia
Nicolás Ooussin
Museo del Prado (Madrid)