La dieta del Dr. Dukan

 

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santa Inés

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Mártir de la virginidad


Inés es una niña romana cuya fe y piedad —según dice san Ambrosio— son superiores a su tierna edad.
Nació en la primera mitad del s. IV. Su nombre significa «pura» en griego, y «cordero» según la etimología latina. Su nombre es como un presagio de lo que iban a ser su vida y su muerte.
Es una santa popular, llena del encanto de su virginidad y admirable en su martirio por no renunciar a la fe y querer conservar la castidad. Los santos padres y los poetas cantan la fortaleza en la castidad y su heroísmo en el martirio. De ella nace mención la Depositio martyrum y desde los primeros tiempos se la conmemora en el Canon romano.
Rehusó la mano del prefecto de Roma y por ello fue acusada de cristiana y, tras ser juzgada, fue condenada al martirio. Pero antes fue arrojada a un prostíbulo. Inés le dijo al prefecto: «Si quieres teñirás mi cuerpo con la sangre de la espada, pero no mancharás ni mi alma ni mi cuerpo con la lujuria». Dice la leyenda que le creció milagrosamente la cabellera, tanto que cubrió su cuerpo desnudo para que nadie mancillase aquel templo santo de Dios.
Fue atravesada con la espada. San Ambrosio dice que más temblaba el brazo del verdugo que la misma Inés, que aguarda gozosa y orando el encontrarse con Cristo, único y verdadero esposo. Fue enterrada en las catacumbas que llevan su nombre. En la plaza Navona hoy está la Iglesia de Santa Inés. En ella se bendicen todos los años dos corderitos con cuya lana se teje el pallium del papa y los arzobispos. Su fiesta se celebra el 21 de enero.


Mensaje


La virginidad como gran interrogante. Esta muchacha, inocente y pura hasta el martirio, es buen modelo (prototipo) de las muchachas que quieren conservar su fe y su virtud, si fuera preciso, hasta llegar al fulgor del martirio. Santa Inés, llevando su virginidad hasta la prueba suprema del martirio, se presenta como algo celestial en medio de la tierra, como luz clara y purísima en medio de la noche de los sentidos. La virginidad, tan atacada y menospreciada en nuestro momento actual, se convierte en un gran interrogante en cuanto al sentido y última razón de ser. La virginidad tiene no sólo el valor «ascético» de una renuncia o de una generosidad al límite en el amor, sino que toca los umbrales del misterio al tener un significado «escatológico» (anticipación de la vida resucitada).


santa Inés

Martirio de santa Inés

Vicente Masip

Museo del Prado (Madrid)

 

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