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santa María Magdalena


La pecadora arrepentida y seguidora amantísima del Señor


La tradición y la liturgia creen, con san Agustín, que la mujer que aparece en distintos pasajes del evangelio es, en los tres casos, María Magdalena. No así la liturgia griega, que celebra la fiesta de tres mujeres distintas.
María Magdalena, la pecadora perdonada (Mt 26,6-13) de la que el Señor na echado siete demonios (Me 16,9; Le 8,2), se adhirió agradecida y llena de amor al grupo de seguidores que acompañaban permanentemente a Jesús y a sus apóstoles (Lc 8,2) a todas las ciudades y aldeas en las que anunciaban la buena noticia del Reino. En verdad que el amor es fiel, más fuerte que la muerte y siempre camina tras el amado.
Aunque los apóstoles huyeron del «escándalo» de la cruz, María Magdalena, junto con la Madre de Jesús y el discípulo «amado», permaneció ante la cruz.
Y sin separarse de Jesús llora junto al sepulcro (Jn 20,11) una vez que lo han enterrado. Y va al amanecer (es madrugador el amor) a llevar aromas al sepulcro del Señor. No desfallece el amor ni ante el dolor ni ante la muerte.
Por eso el Resucitado quiso mostrarse antes que a nadie a María Magdalena (Jn 20,11-18) convirtiéndola en evangelizadora de los mismos apóstoles al enviarla a anunciarles la alegría pascual de la resurrección: «Anda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre». Su fiesta se celebra el 22 de julio.


Mensaje


Invitación a entrar en una conversión radical. El amor grande y agradecido transforma una vida pecadora en santa e inocente.
Jesús, cuando perdona, libera nuestro corazón y nuestras manos del mal y los carga de posibilidades de hacer el bien. Eso le sucedió a María Magdalena.
El pecado nos hace mezquinos, tacaños y egoístas, dejándonos vacío el corazón y vacías las manos de toda obra buena. Jesús, en cambio, transrorma con su perdón y su amor nuestro corazón y lo llena de caridad y de ruego interior. Y así, de egoísta lo convierte en servicial, de tacaño lo transforma en generoso, de cerrado en entregado y abierto a todos, de perezoso en diligente, de enemigo de los hombres en amigo de Dios y de los hermanos. El «doy para que me den» y «amo si me aman» deja de ser la norma de obrar de quien se siente perdonado y amado por el Señor.
Es el corazón nuevo, es el mandato nuevo, es la recuperada inocencia. ¡Es la obra del Señor y de su amor misericordioso!


santa María Magdalena

La Magdalena penitente

Paolo Caliari

Museo del Prado (Madrid)

 

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