En la basílica del Vaticano, bajo la imagen de Teresa de Jesús, adosada a las columnas del templo, un letrero reza: «Madre de los espirituales». Leibnitz decía de ella: «Teresa de Jesús es el alma más sublime que, después de la venida de Cristo, se baya revestido de carne humana».
La principal fuente biográfica está en el libro de la vida escrito por ella misma. Nació en Ávila en 1515, de la familia noble y cristiana de Alonso de Cepeda y Beatriz de Ahumada. Son nueve hermanos. Se vive en un ambiente aventurero y caballeresco. Pierde a su madre cuando todavía es una niña, y le dice a la Virgen que ella baga las veces de madre.
Aparte de sus enfermedades, que no fueron pocas, ella es de carácter simpático y jovial, a la vez que tenaz y de una finísima psicología.
Lee vidas de santos con su hermano Rodrigo y, ni corta ni perezosa, se encamina un día a la tierra de moros, porque desea ser mártir, siendo decapitada por Cristo. Su tío les encuentra y les hace volver de su quimera devolviéndoles a casa. Entra a educarse con las Madres Agustinas y al cumplir 20 años ingresa en el Monasterio de la Encarnación de las Madres Carmelitas de Ávila.
El gran sueño y la gran actividad de su vida fue reformar el Carmelo. Conoce a san Juan de la Cruz y le convence para que él mismo se ponga al frente de la reforma de los varones. Recorre ciudades y pueblos por toda la geografía española Lindando y reformando conventos.
Sus escritos fundamentales son Vida, Camino de perfección, Castillo interior (o Las moradas), Fundaciones, Epistolario, Poesías y algunos otros. En ellos aparecen interesantes datos históricos y experiencias y consejos espirituales riquísimos y certeros para hacer el camino Babia Dios.
Muere en Alba de Tormes del 4 al 15 de octubre (calendario gregoriano) de 1582. Fue proclamada por Pablo VI la primera mujer doctora de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 15 de octubre.
• La oración. El secreto para conjugar a la perfección el ser tan gran escritora —llevar una vida «activa» tan intensa como «reformadora»— y a la vez vivir una vida de tan alta contemplación, es la oración que siempre hizo, y el enamoramiento de Jesucristo como la única mediación para llegar a Dios.
• La santidad. La búsqueda de la santidad cueste lo que cueste el conseguirla.
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