santo Domingo de Guzmán
Fundador de los dominicos y las dominicas
Nació en 1170 en Caleruega (Burgos), hijo de familia noble. Su vida de infancia transcurrió entre las visitas que nacía con su santa madre a la abadia de Santo Domingo de Silos y las largas temporadas que pasaba en la villa de Gumiel de Hizán, donde ayudaba a misa a su tío arcipreste. De él aprendió, junto con la gramática, la madurez y una serenidad imperturbable.
Fue a la Universidad de Palencia, donde estudió humanidades y filosofía y se adentró en las profundidades de la teología. Vivía pobremente y, en cambio, le gustaban las liturgias solemnes. Cuando celebraba la eucaristía —dicen sus biógrafos— casi siempre lloraba de alecto. Oraba frecuentísimamente a la Virgen María, a la que se dirigía incansablemente con la plegaria del avemaria, la base del santo rosario. Predicó la le católica a los herejes albigenses del sur de Francia. Fundó el primer convento de Dominicas contemplativas en 1206 con un grupo de mujeres convertidas. Diez años después fundó la orden religiosa de los Dominicos con un puñado de sacerdotes que se le habían adherido. Impone como obligatorio el estudio a todos sus miembros. Surgía así una orden de vida «mixta», que alternaba la vida de oración y contemplación con el estudio y la predicación, en la caridad y pobreza apostólica... De Domingo dice un biógrafo que «sólo hablaba con Dios y de Dios».
En un acto de humildad se confesó a sus hermanos, poco antes de morir, en 1221, diciendo que a pesar de haber guardado la virginidad toda su vida no había podido vencer el sentir más gusto en conversar con mujeres jóvenes que ancianas. Su fiesta se celebra el 8 de agosto.
Mensaje
• La caridad por encima de todo. «No quiero —decía— estudiar en pieles muertas mientras hay hombres que mueren de hambre». Vendió sus libros para dar el importe a los pobres.
• La pobreza apostólica. Domingo llevaba un estilo de pobreza evangélica y apostólica opuesto a la riqueza agrícola de los monasterios (estos pasan a radicarse en el centro de las ciudades) y al fasto de los monjes cistercienses
herederos de una Iglesia feudal, rica y poderosa). «Mirad a caballo a los ministros de un Dios que andaba a pie», decían de los monjes los herejes. Los nuevos herejes del materialismo hedonístico hoy necesitan sentirse ejemplarizados por la pobreza voluntaria, la humildad y sencillez de los predicadores de la «nueva evangelización».
santo Domingo de Guzmán (detalle)
Pedro Berruguete
Museo del Prado (Madrid)