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Meditación express para crisis momentáneas

 

Incluso las personas más equilibradas emocional y espiritualmente viven ocasionalmente situaciones que las desbordan. En el trabajo, en el hogar, en nuestras relaciones, en la familia: no es extraño que surjan problemas que nos agobian.
Muchas veces, los problemas surgen uno detrás del otro y no damos abasto para ocuparnos de ellos. Otras, una pelea, un comentario malintencionado, una tarea incumplida, nos hacen perder la calma.
Desdichadamente, el equilibrio que podemos ganar a través de la meditación está siendo atacado en forma constante por el estrés. Y a veces, es inevitable que el estrés gane.
Cuando esto sucede, perdemos toda la claridad mental que habíamos ganado. Se reduce la confianza en nosotros mismos. Regresemos al lugar en que estábamos antes de empezar a practicar la meditación.
Pero ahora contamos con una salida. Existen ciertas estrategias de las que podemos hacer gala en momentos de crisis para recuperar el balance energético interno que nos permite enfrentar y solucionar todo tipo de problemas. Y se trata de ciertas meditaciones express.
Primero que nada, una aclaración: es cierto que el concepto de express (que se usa para referirse a algo rápido y breve) es en ciertos sentidos opuesto al de meditación (que implica una larga duración y un ritmo más lento). Las técnicas que siguen a continuación son de emergencia, y no deben confundirse jamás con los métodos diarios de meditación. Están diseñadas para proveer calma y energía momentáneamente, para superar una crisis, pero sus efectos no son duraderos. La verdadera Iluminación se alcanza únicamente practicando la meditación en forma regular, y dedicándole suficiente espacio en nuestro día.
Estas meditaciones son como las vendas que los paramédicos ponen sobre nuestras heridas en el camino al hospital. Evitan que nos debilitemos, nos ayudan a sentirnos un poco mejor, pero no son la solución definitiva.
Por eso mismo, no hay que abusar de estos ejercicios. Debemos aprender a distinguir las verdaderas crisis, en las que perdemos la perspectiva y la desesperanza se apodera de nuestro espíritu, de los momentos en que simplemente estamos cansados.
Si surge un problema al final de nuestro día, tendremos menos energía para enfrentarla que si hubiera surgido a la mañana. Esto es normal y natural; lo mejor en un caso como éste es, simplemente, dejar el problema para el día siguiente.
Alejarse del ruido
Una de las formas más comunes de ganar tranquilidad ante una crisis es contar hasta tres. Nos alejamos por un instante del problema, cerramos los ojos, respiramos hondo y contamos: uno... dos... tres...
Y, efectivamente, ganamos calma. Este tipo de ejercicio usa las mismas bases que toda meditación de emergencia: lleva nuestra atención a la respiración y luego a los números, para alejarla de todas las ideas que están asaltando y agobiando nuestra mente.
Se trata de alejarse del ruido. Cuando estamos peleando con alguien, sus reproches y los que a su vez nosotros le hacemos se acumulan en nuestra cabeza. El enojo los potencia, sube el volumen, crea una maraña de ruidos que no nos deja oír nada.
Cuando se trata de un problema al que no le encontramos solución, las ideas se agolpan en nuestra mente con la misma violencia. Surgen sensaciones de incapacidad, reproches internos, una vocecita que nos dice "no eres capaz", otra que nos recuerda que es necesario encontrar una solución ya, otra que nos recuerda que nos estamos quedando sin ideas. Y así, nos vamos perdiendo en el laberinto de la mente, en el ruido que toda crisis produce.
Por muchas veces lo único que necesitamos hacer para superar las crisis es apartarnos por un instante. Si el problema es en la oficina, podemos retirarnos al baño un segundo, salpicar un poco de agua en nuestro rostro y allí, en el baño, en silencio, realizamos el ejercicio express.
También ayuda que hagamos estos ejercicios frente a una ventana, para así, tras realizarlo, abrimos los ojos y nos encontramos con el cielo o un paisaje natural, o aunque sea una calle. Lo que importa es que no veamos de inmediato el ambiente donde se desarrolla la crisis. Los templos budistas, por ejemplo, no se ubican en el campo y lejos de las ciudades solamente porque buscan aislarse del mundanal ruido, sino porque en contacto con la naturaleza el hombre puede pensar mejor.
Si tenemos la oportunidad de hacerlo, alejémonos del ruido saliendo a dar un paseo. Sentémonos en el banco de una plaza. Observemos los árboles, las hojas caídas, las flores, el sol, las nubes, el azul del cielo. Ya nos sentiremos un poco más relajados.
Lo ideal a la hora de realizar una meditación express sería sacarnos los zapatos. Por supuesto, esto no siempre es posible. Pero sentir el roce de las plantas de los pies contra el piso, es también un calmante natural. Sentir el frío del piso, la rugosidad de la alfombra, pasar el dedo gordo por el espacio entre dos baldosas es una forma de distraernos y alejar el ruido, concentrándonos en sensaciones agradables y pequeñas.
Antes de cada ejercicio express se explica qué efectos específicos tienen sobre el cuerpo y la mente. Pero todos comparten una misma meta principal: llevarnos de vuelta a nuestro centro. Quizás la forma de encontrar el mejor de ellos es probándolos, más allá de si se concentran más en lograr la relajación muscular o la revitalización energética del cuerpo, porque de la misma manera que cada uno de nosotros debe encontrar la técnica de meditación diaria que sea la correcta para nuestra alma, debemos hallar el recurso de emergencia que mejor nos sienta, sin importar cuál sea su naturaleza.

 

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