Meditación Merkaba
La tradición judía asegura que existen nueve tipos diferentes de ángeles, cada uno con una función especifica. Estos nueve grupos se dividen a su vez en tres jerarquías: la primera vive junto a Dios, la tercera está más cerca de los hombres, y la segunda se ubica en una posición intermedia. En la primera jerarquía se encuentran:
• Los serafines, que son los guardianes del trono de Dios.
• Los tronos, cuya misión es adorar a Dios.
• Y, finalmente, los querubines, que son los guardianes de la luz y las estrellas.
A pesar de que la tradición señala a los tronos como los encargados se sostener, justamente, el trono de Dios, en la Biblia (más específicamente, en el libro de Ezequiel) se habla de un episodio en el que cuatro querubines, cada uno con cuatro alas y cuatro rostros (uno humano, otro de un león, otro de un águila y otro más de un buey) conducen el trono-carroza de Dios, una especie de vehículo de cuatro ruedas, llamado Merkaba. Que significa, justamente, "carroza" en hebreo. Algunas versiones afirman que los ángeles no estaban sosteniendo un trono, sino que formaban el trono-carroza con sus cuerpos y alas.
Para el cristianismo, la Merkaba representa a los cuatro evangelios, pero no carga mayor simbolismo o importancia. El trono de Dios es a veces llamado Orifiel, que es el nombre de uno de los arcángeles originales mencionados en la Biblia pero que la Iglesia Católica no reconoce como arcángel oficial.
Hasta aquí, la anécdota no es particularmente interesante. Pero por algún motivo, el pasaje del libro de Ezequiel que menciona a la Merkaba no era estudiado por los judíos en la época medieval. De hecho, todo el libro de Ezequiel era territorio prohibido. Salvo para los eruditos más avanzados y con un profundo entendimiento de los textos judíos. ¿Por qué? Pues porque el libro de Ezequiel era considerado el más místico de todos.
Para fines del siglo XVII, los judíos habían sido víctimas de incontables persecuciones. Esto hizo que se volcaran hacia el estudio de la Torá (el libro sagrado de los judíos, que reúne a los cinco primeros libros de la Biblia católica) y la Hataja, la ley judía tradicional, en vez de profundizar y popularizar sus rituales religiosos. Cuando llegó el siglo XVIII, muchos judíos sentían que su religión se había volcado demasiado hacia el academicismo, y que había perdido su fuerza espiritual, su alegría, y hasta su conexión con Dios. Así que el rabino Israel Ben Eliezer (1700-1760) fundó un movimiento llamado Judaísmo Jasídico, basado en la idea de que no es necesario ser un estudioso para estar cerca de Dios, porque Dios vive en el corazón de todos los hombres. Esta escuela renegaba del estudio racional de los textos sagrados, y prefería un acercamiento a ellos desde el amor.
Jasidismo es un término que proviene del vocablo hebreo jesed, que significa "bondad". Justamente, sus practicantes lo definen como la práctica de la bondad y la piedad, y su objetivo es recuperar la alegría del ritual religioso, regocijarse en el contacto con Dios.
Las escuelas tradicionales del judaísmo se opusieron fuertemente al Jasidismo, en parte porque dejaba de lado la rigidez que la práctica judía había tenido hasta entonces, por también porque los judíos jasídicos empezaron a estudiar la Torá entera, y porque se volcaron hacia los textos reservados para los eruditos. Y entre ellos, al libro de Ezequiel.
Así, los jasídicos rescataron la historia de la Merkaba, y vieron en ella una metáfora sobre la naturaleza, la esencia del hombre y el camino hacia la superación personal.
Los cuatro rostros de los ángeles que sostienen o forman la Merkaba representan según esta filosofía los cuatro elementos de la naturaleza:
El águila representa la tierra. El buey representa el agua. El hombre representa el viento. El león representa el fuego.
Estos cuatro elementos, al combinarse, conforman todo lo que existe en el mundo. Son elementos independientes y a veces hasta contradictorios y en conflicto (el agua apaga el fuego; el viento dispersa la tierra; el viento agita el agua), pero si no trabajaran juntos para crear vida, nuestro planeta y los seres que lo habitamos no existiríamos.
Por lo tanto, dentro del jasidismo, la Merkaba representa la unión de las polaridades, de los objetos materiales, de las partes, que solamente al unirse pueden servir como soporte de la verdadera esencia, de lo que dio origen a todo: Dios.
La imagen de la Merkaba adquiere entonces una fuerza enorme. Es un símbolo del objetivo de toda práctica de meditación: superar las apariencias y alcanzar el principio en común que las genera, lo único que en verdad existe.
La Merkaba es, entonces, no sólo la carroza de Dios, sino un vehículo de superación personal del que todos los seres humanos nos podemos beneficiar. Es el trono de Dios y es la herramienta con que contamos para superar la dualidad de la mente. Es un vehículo que nos permite alcanzar las llamadas "situaciones cumbre".