Meditar: un método para lograr el equilibrio del ser
Gracias a la popularidad que ha obtenido la filosofía oriental durante las últimas décadas, todos estamos familiarizados con el símbolo del Yin y Yang. Conformado por dos espirales de tamaños idénticos, uno blanco y otro negro, este simple pero valioso signo ha sido utilizado desde épocas ancestrales para representar y explicar la composición del universo.
Todos los fenómenos que suceden en el mundo y en el interior del ser humano son el resultado de la relación entre dos pares de opuestos: el Yin es todo lo contrario al Yang. La energía Yang es luz, es masculinidad, es el tiempo, es el día, es la expansión, la actividad. La energía Yin es oscuridad, es feminidad, es el espacio, es la noche, es la contracción, es la pasividad. Y la vida no es más que el resultado de la relación entre estas dos fuerzas.
Un polo no existe sin el otro. Por ejemplo, el día no sería posible si la noche no llegara a su fin. Cada par de opuestos necesita del otro para funcionar: debemos dormir, descansar y relajarnos si queremos estar activos, ser diligentes y sentirnos vitales.
Y muy al contrario de lo que generalmente se piensa, la concepción del mundo como pares de opuestos no es una creación exclusiva del mundo oriental. Uno de los filósofos más importantes de la historia de Occidente fue el alemán G. W. Hegel (1770-1831), y la teoría por la que es más conocido, llamada "proceso dialéctico", tiene mucho que ver con el Yin y el Yang. Este importante pensador hablaba de la existencia de tesis, ideas que todos consideran verdad. Cada tesis, sin embargo, origina una antítesis, es decir, una idea totalmente opuesta. Y de la lucha entre estas dos ideas surge una síntesis, una nueva idea, que conjuga elementos de las dos anteriores, y permite así el avance del conocimiento.
¿Qué quiere decir todo esto? Pues que existe un par de opuestos (tesis-antítesis) y que la verdad no está en ninguno de ellos, sino en su unión (síntesis). Nuestra mente funciona de esta misma manera. El cerebro humano se divide en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo, cada uno con ciertas funciones específicas:
• El hemisferio izquierdo es el que se ocupa de la lógica, del procesamiento de la información que se obtiene por medio de los sentidos (el tacto, la vista, el olfato, el oído y el gusto) y del pensamiento matemático. También controla nuestra capacidad de hablar y es quien se ocupa de tomar decisiones. Además, controla la memoria a largo plazo.
• El hemisferio derecho es el que se ocupa de las sensaciones, los sentimientos, las fantasías, los deseos y las emociones. Aquí es donde se origina la intuición, y es el hemisferio que controla y permite la creatividad y la originalidad. Las habilidades artísticas son posibles gracias a esta parte del cerebro, que también controla la memoria "profunda" o (los recuerdos inconscientes, que no podemos poner en palabras pero que de todos modos condicionan nuestra forma de ser y pensar).
Ahora bien, en la vida diaria estos dos hemisferios no trabajan aislados, sino que se complementan: para tomar una decisión importante, pensamos en forma racional los pros y los contras (una función del hemisferio izquierdo), pero también tomamos en cuenta nuestras emociones y nuestra intuición (que se originan en el hemisferio derecho).
Cada uno de ellos es totalmente opuesto al otro, y se encarga de tareas completamente diferentes. Pero para poder pensar, sentir y decidir, el ser humano necesita que los dos hemisferios trabajen en forma conjunta. Nuestro cerebro sólo funciona cuando los dos se sintetizan. La meditación busca lo mismo: superar las polaridades y encontrar la esencia de las cosas, que reside entre los dos extremos.
Pero antes de ver cómo la meditación nos puede ayudar a superar el juego de opuestos y crear un balance entre dos grupos de funciones aparentemente contradictorias, es importante conocer a fondo los dos aspectos de la mente: la intuición y la razón.
La mente intuitiva
La definición que el diccionario da de "intuición" es: "conocimiento claro e inmediato de verdades que penetran en nuestro espíritu sin necesidad de razonamiento". La ciencia le habla al hemisferio izquierdo del cerebro, a la lógica, a la capacidad de razonamiento, pero la intuición le habla al hemisferio derecho. Que, como el corazón, no necesita que sea lógico lo que le dicen.Es más, la intuición muchas veces va en contra de la razón: nos indica que sigamos el camino menos transitado, nos lleva a tomar decisiones sin saber por qué.
Existen dos elementos fundamentales sin los cuales la intuición sería imposible: la sensibilidad y lo inconsciente. La sensibilidad Se refiere a la facultad que todos los seres humanos tenemos de sentir emociones. A veces se utiliza este término para referirse a la recepción de los estímulos físicos (por ejemplo, un estímulo táctil, que se produce cuando tocamos algo, o uno olfativo, que ocurre cuando percibimos un olor). Pero se trata principalmente de la recepción de estímulos emocionales: miedo, amor, simpatía, alegría, opresión, etcétera.
Lo inconsciente
Existen una serie de procesos mentales que actúan sobre nuestra conducta pero que desconocemos conscientemente. Es decir que no los podemos poner en palabras, que no los comprendemos, y que generalmente tampoco sabemos de dónde provienen. Las fobias y los miedos, por ejemplo, son de origen inconsciente.¿Por qué alguien le tiene miedo a la oscuridad? Si sabe que en esa habitación oscura no hay nada ni nadie, que no es posible que nadie haya ingresado, que no hay posibilidad de que algo malo le pase si ingresa en ella, ¿por qué de todos modos le tiene miedo? Porque está oscura. Y su miedo a la oscuridad quizás se debe a un trauma ya olvidado: podría ser que de pequeño, esta persona se haya tropezado con un juguete mientras caminaba en la oscuridad y se haya lastimado mucho. Hoy, no recuerda este episodio, que está alojado en su inconsciente, pero sí tiene miedo a la oscuridad.
Claro que no todo lo inconsciente es negativo. No se trata sólo de recuerdos desagradables: muchos de los estímulos que recibimos por medio de los cinco sentidos (o seis, si consideramos a la intuición como un sentido más) quedan alojados en el inconsciente. Cuando pasan a la conciencia, que es propia del hemisferio izquierdo del cerebro, son racionalizados, analizados y clasificados. Pero por cada visión, sonido o sensación que se racionaliza, muchas otras quedan en el inconsciente.
La intuición se genera a partir de estas sensaciones no racionalizadas. Por ejemplo, una persona camina por la calle y de pronto se siente en peligro. No hay ningún motivo para que así sea: no hay nadie más en la calle y hay mucha luz. Pero "algo" le dice que está en peligro. Ese "algo" es un estímulo inconsciente que no tiene explicación, pero que no por eso deja de ser menos real. Puede ser cualquier cosa: por ejemplo, la sombra de alguien que seguía a la persona, que el ojo captó pero el hemisferio izquierdo no procesó porque se hallaba ocupado pensando en otra cosa.
En fin, la suma del inconsciente y de la sensibilidad da como resultado la intuición. Que no debe confundirse con las opiniones. Una opinión se basa en la experiencia: si decimos que una dieta específica no sirve para bajar de peso porque ya la hemos probado y no funcionó, esto es una opinión, no una intuición. La intuición sólo depende de las experiencias pasadas en forma inconsciente (y que, por lo tanto, no podemos explicar).