Confianza en uno mismo y confianza en los demás
¿Qué solemos entender por confianza?
Cuando nos referimos a la confianza en las personas, entendemos algo así como “la tranquilidad ante alguien de quien espero que se porte bien”. Dicho con otras palabras, “la seguridad que me da el carácter, la capacidad, la buena fe, la discreción… de alguien”, entendiendo que esa persona puedo ser “yo mismo”.
Así tenemos esbozadas las dos vertientes de la confianza: la confianza en uno mismo y la confianza en los demás.
Los padres tenemos que favorecer ambos aspectos en nuestros hijos, ya que difícilmente podrán tener confianza en los demás si no tienen la suficiente en sí mismos.
¿Por qué es importante que tengamos confianza?
La persona que confía en sí misma y en los demás:
• Está más tranquila.
• Se relaciona mejor con los otros.
• Se encuentra a gusto en el trabajo en equipo.
• Es capaz de emprender tareas más arduas.
• Aumenta su capacidad ante la frustración.
• Considera que los fracasos son superables y aleccionadores.
La autoestima es vital para el equilibrio emocional, de tal modo que una persona de baja autoestima puede llegar a carecer de identidad y rechazarse a sí misma, en parte o del todo.
Quienes tienen una autoestima muy baja tienden a protegerse levantando barreras defensivas: son aquellos que están siempre de mal humor, o que se inculpan aunque no haya razón para hacerlo, o que tienen un afán desmesurado de perfeccionismo y siempre están poniendo excusas.
¿Cómo y cuándo educaremos en la confianza?
La respuesta básica a la manera de educar en este valor es sencilla: debemos mostrar confianza en nuestros hijos. Ésta es la regla de oro, aunque tiene una condición previa: debemos tener primero confianza en nosotros mismos y en los demás.
Y sobre el cuándo, la respuesta es: desde la infancia más temprana; la confianza es un valor que se puede transmitir desde la cuna.
Para que los hijos adquieran confianza en sí mismos
| SENTIRSE SEGUROS | • Distinguir entre lo bueno y lo malo para ellos. • Tener pautas razonables que les sirvan de guía. • Conocer el marco de conducta al que atenerse. • Ofrecerles unos criterios de actuación comunes a padre y madre. • Reforzar hábitos practicados y valorados en familia. • Dar sentido positivo a lo que les ocurre en la vida. |
| SENTIRSE CAPACES | • Proponerles objetivos adecuados. • Resaltar y recrearse en los éxitos de sus experiencias. • Intentar que se den cuenta de que los mayores tampoco alcanzamos siempre nuestros objetivos. • Ayudarles a plantearse objetivos. • Elaborar estrategias para conseguirlos. • No desanimarse ante los fracasos y buscarles soluciones. |
| SENTIRSE IMPORTANTES | • Creer que pueden conseguir lo que planean. • Disponer de lo que necesitan para llegar a ello. • Saber tomar decisiones (¡y dejar que las tomen!). • Saber solucionar problemas. • Reconocer y comportarse cuando están angustiados. • Saber diferir las gratificaciones y gustos. |
| SENTIRSE ÚNICOS | • Saber que pueden hacer cosas que otros no hacen. • Captar que los demás los consideran especiales. • Ser capaces de expresarse como son. • Disfrutar de que todo el mundo sea diferente. • Tener unas habilidades reconocidas como especiales. • Tener unas aficiones singulares. |
| SENTIRSE ACOMPAÑADOS | • Sentirse amados por lo que son. • Comprobar que se les dedica tiempo y compartirlo intensamente. • Relacionarse con otras personas de su edad. • Identificarse con grupos concretos. • Seguir de buen grado unas normas grupales. • Estar orgullosos de su pertenencia al grupo. |
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