La paciencia es la espera reflexiva y llena de esperanza
¿Qué quiere decir paciencia?
Tiene paciencia aquel que sabe esperar con calma lo que tarda en llegar. ¡Qué sencillo decirlo y qué difícil practicarlo, y cuánta paciencia para enseñarla!
Hay que tener presente que la paciencia no es un valor de los niños, pero ¡cuidado!, decimos “de los niños”; pero sí lo es “para los niños”.
Siempre nos referimos a los niños desde los 6 hasta los 12 años, y realmente no son las edades más propicias para tener una actitud paciente, de espera reflexiva. De hecho, cuanto más pequeños menos capacidad para tener paciencia: el bebé, por ejemplo, no tiene paciencia alguna, cuando tiene hambre llora, y cesa de llorar cuando toma el pecho de la madre, y así en todas sus necesidades. Sólo el tiempo y una buena educación es lo que enseña a tener paciencia.
Ser paciente es a la vez aguardar y esperar
Para que nuestros hijos tengan paciencia deben saber aguardar y esperar (tener esperanza); ambas actitudes son imprescindibles para ser paciente.
Aguardar es dejar pasar el tiempo suficiente para que llegue algo que deseamos. Así, decimos que “aguardamos a que llegue el tren de las 9 o “aguardamos a que nos toque el turno en el colmado”. Si pasa más tiempo del previsto, nos impacientamos. De hecho, la paciencia tiene este color de resignación razonable ante lo inevitable.
Los niños no suelen tener este tipo de paciencia demasiado desarrollado. Se impacientan, protestan, se irritan porque todavía no… Por eso, es muy importante enseñarles a aguardar.
Sin embargo, es imposible que sepamos aguardar si no tenemos esperanza, si no sabemos esperar. De hecho, no valdría la pena tener paciencia si no vislumbráramos ni la remota posibilidad de que nuestra esperanza se verá colmada tarde o temprano.
Nuestro hijo debe saber esperar a que acabemos nuestra conversación telefónica, porque debe tener la seguridad, dada por nosotros, de que después cumpliremos sus deseos.
Sólo si desconocen ese cumplimiento, puede ser posible que ahora el niño y más tarde el adulto no sepa esperar, y la impaciencia lo consuma.
Si no sabemos aguardar no podremos vivir; pero lo que nos hace vivir es la esperanza.
Nuestros hijos deben ser fuertes para poder ser pacientes
• La paciencia no es propia de los débiles; los débiles se irritan.
• La paciencia no es propia de los cobardes; los cobardes se atemorizan.
• La paciencia no es propia de los pasivos; los pasivos no hacen nada.
• La paciencia no es propia de los inútiles; los inútiles son incapaces incluso de tener paciencia.
• La paciencia no es propia de los indiferentes; los indiferentes no esperan nada.
• La paciencia no es propia de los orgullosos; los orgullosos no se rebajan a esperar.
• La paciencia no es propia de quienes les falta valor y ánimo para tolerar desgracias, o para intentar cosas grandes (los pusilánimes), porque éstos se acoquinan, se retraen y abandonan.
Volver a valores humanos
es muy bueno saber que solo los perseveran y son constantes pueden llegar a tener paciencia