La razón por la que en este sitio web hemos seleccionado unos valores humanos y no otros nos la ha ofrecido una encuesta que hemos realizado entre educadores padres y alumnos.
Debemos admitir que cualquier selección es siempre arriesgada, y más todavía cuando incide en algo tan trascendental como la educación de los pequeños de la familia, que es decir de la sociedad. Escoger es renunciar, y renunciar es siempre comprometido.
De todas maneras, los valores humanos son de tal guisa que se entrelazan entre ellos y resulta difícil, o tal vez imposible, distinguir dónde termina uno y dónde empieza otro. Dicho de otro modo, no es factible discernir si estamos educando en el diálogo o en la paz o en la justicia.
¿Es posible una paz sin diálogo? ¿Podría existir la paz al margen de la justicia? ¿La urbanidad no es un aspecto del respeto? ¿La generosidad y la compasión no serían imposibles sin la paciencia? ¿La creatividad y la confianza no están en la base de la alegría? ¿Es concebible la amistad sin la sinceridad, o una responsabilidad carente de prudencia?
Siempre podemos, sin embargo, trabajar unos matices centrados más en un valor que en otro. La constancia posee unos elementos que después podremos aplicar al resto de valores; y así seremos constantes en la amistad, en la paz o en la tolerancia, o en el valor que queramos.
Por suerte para los educadores y para los educandos, si crecemos en un valor, crecemos en los demás, puesto que es la persona la que se vuelve mejor. No podemos ser más tolerantes sin ser a la vez más generosos, más compasivos, más dialogantes, más respetuosos, más… más… buenos.
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